sábado, 16 de marzo de 2013

María

Es niña y es rubia como la cerveza,
pelo largo cayendo por toda la espalda
y casi siempre recogido en una trenza.
Igual que la cerveza,
si la besas, embriaga.
Es un sueño que un día tuvo el sol
y que guardó en secreto
hasta el penúltimo día de diciembre
para hacerle un regalo de invierno a la luna.
Nació con un par de cielos en la cara
que el resto de ojos no puede abarcar,
un par de péndulos azules que te encuentras de repente
cuando ella mira hacía arriba
y hacen que se te olvide respirar,
te dejas un poco de vida en ellos
mientras una voz en algún lugar de tu cabeza
se pregunta en qué momento alguien tan pequeño
ha podido robarte todas las palabras.
Es niña y es inocente,
lleva algo de mi misma sangre caliente,
pero a ella le hierve más.
Me recuerda a mí porque yo también fui
(y sigo siendo)
de las inocentes.
De las que se creían que si llovía
era porque los ángeles lloraban o meaban
(y mejor pensar que estaban siempre tristes),
y eso era cierto porque lo dijo mi abuela
y las abuelas nunca mienten.
A ella le hice creer que el jardín de nuestra abuela
estaba lleno de duendes
que no podíamos ver porque eran el plato favorito de los gatos
y vivían escondiéndose.
Pero que si alguna vez cazaba alguno,
sería inmensamente rica.
Le he hecho creer muchas cosas
pero no penséis que pobre niña inocente y mona,
porque sus historias siempre fueron mejores.
Y a mí, llegó a convencerme
de que de verdad había conseguido hacerse con uno de esos duendes.
Una vez me contó,
mientras fumaba un canuto de plástico
(así como hacen los mayores),
que ella sabía como hacer para fumar
y que no se le pusiesen malitos los pulmones
que nadie se había dado cuenta
pero solo había que fumar para afuera,
vamos, soplar.
Después de hacerme jurar que jamás contaría su secreto
me dejó reírme de alguna historia más.
Yo la miraba y la veía soltar mentiras
que me parecían más ciertas
que ninguna otra que se hubiese utilizado
alguna vez para convencer al mundo.
Si alguien quisiera encontrar la verdad
última,
solo tendría que preguntarle a ella.
Ella, que es un imposible hecho realidad.
Parece sobrenatural que en poco más de un metro
pueda caber tanta imaginación,
tanto mundo y tanta historia.
María es princesa de botas de fútbol
y Action Man,
a pesar de lo inocente, le va la aventura
y todo lo temerario.
Cuando suspira soñando con inventar un nuevo juego,
ese aliento es como el aleteo de la mariposa de Asía
que envía un huracán al otro lado del mundo,
se puede sentir como llega la tormenta
a todos los rincones de su casa.
Es imparable, es guapa y sabe ser buena
y mala
según como le salga, convenga o apetezca.
Cualquiera que la haya visto crecer,
jugar, reír, soñar y contar mentiras
un rato
ha sido incapaz de despedirse sin sentirlo.
Y no os cuento ya,
lo que nos ha hecho a aquellos
que la hemos visto cuando duerme.
Es como contemplar un mar en calma
después de haber hundido con olas de metros
todas las naves que se atrevieron a surcarlo.
No sabría describirlo de otra manera.
No sabría contarla mejor.

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