domingo, 10 de marzo de 2013

Cinco vueltas de campana

No sé qué tengo que siempre intentáis
volver
pero nunca os habéis quedado.
Y yo reconozco que no dejo
que se muevan las agujas
del reloj que contó los minutos
que pasé contigo...
pero también te digo que es imposible
ponerlo en hora cada vez que vuelves,
porque nunca sé que hora es.
Voy ciega por el mundo,
eso sí lo sé,
pero para qué quiero poner cara
a esas figuras borrosas
si ninguna tiene tu sonrisa.
Y para qué,
ver sus muecas
si el resto del mundo no está
nunca de acuerdo conmigo.
Yo, que regalo motivos a quién los quiera
a quién los busque
a quién no entienda
por qué cada vez que vuelves estoy
esperándote con la puerta abierta.
Lo cierto es que nadie pregunta,
ni si quiera tú,
que casi no necesitas ni llamar.
Supongo que lo que pasa es que eres un accidente,
un choque
un gran golpe con diabólica puntería,
que pasa de repente
y no hay nada que hacer.
Eres cinco vueltas de campana,
no he sido capaz de recuperarme del mareo
y tú ya vuelves a embestir.
Entonces me doy cuenta de que creía
que te echaba menos de menos
de lo que en realidad te echo de menos.

Con un miedo infinito a la necesidad
de pertenecer a alguien
es como empiezan todas las huidas.
De ti llevo años intentando huir
y lo único que consigo es encontrarte.
O tal vez sea que solo busco
romperme
una y otra y otra vez
y espero, como un cervatillo masoquista
que observa los movimientos de un león,
a ver de que forma atacas esta vez.
Llegas y me deshaces la cama, lo primero,
y cómo voy yo a volver a hacerla
si en todo ese desastre de sábanas
encuentro el orden y la calma
que me falta.
Has roto con tus costumbres,
ahora vuelves para arreglarme el final del invierno
en vez de venir a lloverme otoños
en el mismo momento en que se desviste el primer árbol.
Y yo, de verdad, me lo creo.
Y tengo tanto calor, que me creo capaz
de acabar con cualquier invierno,
y de inventarme infiernos en la cama
para encontrar un final a la altura.
Creerse Lucifer
con esta cara de buena que me dio mi madre
no es muy coherente.
Así que vivo quedándome a medias en todo,
y sintiéndome bien poquita cosa.
Siempre, siempre, siempre pienso
que mis besos te saben a poco.
Con toda la intención que pongo en ellos.
Los estoy perdiendo todos en tu boca,
y no te das cuenta,
pero la verdad es que quiero que me los devuelvas.

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