viernes, 22 de marzo de 2013

Laia

He escrito ya unas cuantas historias
hablando de una vagabunda
que me quita el sueño y come helado de madrugada,
conmigo.
La traigo a casa, la dejo trasnochar
y me trae rumbitas catalanas entre los rizos
con un lolailola, lolailola, lolailo.
Cantándome su acento y dividiendo siempre
su corazón
entre el mar y el león.
Consigue dedicar inviernos a respirar sal y arena
y para el verano reserva rugidos temerarios,
de esos de quedarse sin voz,
para todas y cada una de las verbenas.
Ella es la más caótica de las tormentas
que pueden pasar por tu casa.
Es de esas locas que te sonríen
y contagian.
Baila con más chulería que cualquiera.
Es guapa, vaya que si es guapa,
señores,
la más guapa.
No cumple promesas, es impuntual
despistada, desastre y algo cabezona,
pero leal,
es un desastre
en medio de todo ese torbellino salvaje
que pasa a la vez que ella.
Pero es mi vagabunda favorita,
y cumple años hoy.
Y necesito decirle que la quiero a sus veintiuno
igual que la quería cuando tenía una semana,
y la conocí por primera vez.
La misma ciudad nos vio nacer,
en el mismo mes,
y si no se me hubiese adelantado siete días
como una gata rápida,
podría decirle, hola pequeña, feliz cumple,
pero no,
debo decir, hola grande, feliz cumple leona,
disfruta ahora
que entramos en la década final
la que vale,
la de ser jóvenes eternamente,
la del tiempo de hacer cosas importantes.
Suerte en tu viaje,
suerte surcando los siete mares,
que a ti solo te hacen falta velas de papel
para encontrar en las olas mil velocidades,
suerte enamorando a los cinco continentes,
que no existe país que compita contigo en belleza
por más años que tengan sus edificios
o playas que intenten imitar paraísos,
que no hay edén más bonito que el rato de verte
venir deprisa y sonriendo,
pensándome en un abrazo
ganándome mientras me aprietas con fuerza de gigantes
contra ti,
y te ríes a carcajadas en mi oído,
dejándome sorda de felicidad.
Te echo de menos bella vagabunda.
Que guapa estás.

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