Jura que no quiso hacerte daño,
pero tampoco dolió ver
como morías agonizando su veneno por tus venas.
No vamos a ser hipócritas,
es una cuestión de naturaleza.
Cada beso era una verdad, lo jura,
tan cierto como la misma muerte,
tan cierto como que por cada uno que daba
moría dos veces, también.
Las musas no mienten.
Pero tu sangre no quiso huir,
lo mismo que tú,
se entregó infectada de recuerdos;
pensando en algún tiempo pasado
que pudo ser mejor,
sin entender que fue,
que los verbos conjugados en pretérito
no vuelven a dejarse suceder.
Que si segundas partes nunca fueron buenas,
hablar de terceras es una locura
de suicidas.
Quería coger tu mano en todos los pasos de cebra,
pero no iba a poder controlar las ganas
de besarte justo en mitad de la carretera,
y tampoco dejaría que corrieses a salvarte
al otro lado de la calle.
El semáforo se puso en rojo y
tú fuiste el kamikaze más valiente de la ciudad,
te enamoraste de la velocidad de sus respuestas
y no hiciste caso a nada más,
no cabe imaginar un beso más peligroso.
Volar tan rápido y tan alto garantiza una caída rápida y fea.
La muerte persigue al poeta como el poeta a la musa,
pero una mujer enamorada es mucho más peligrosa,
y tu musa, que bien lo sabía,
te puso mil veces delante de ella.
Y como buen poeta,
te dejaste vencer,
te entregaste al veneno,
y no escribiste ningún final.
Yo también pienso que es inevitable que los finales sucedan,
pero si podemos evitar escribirlos,
mejor contar besos antes que abandonos.
viernes, 12 de julio de 2013
miércoles, 19 de junio de 2013
Dulce derrota
Destila vida aunque esté triste.
Puede verse, aunque es solo
un pequeño destello en medio de una nebulosa.
Pero no ha desaparecido todavía.
Es el blanco perfecto para una bala perdida,
va sin rumbo y no entiende las brújulas.
Con los sentidos embotados,
y una debilidad corrosiva
que quema desde los huesos más pequeños
hasta el último poro.
Su corazón claudica cada vez que alguien
le pregunta por qué,
y ella no sabe.
Eso es lo más triste que no le dijo alguien.
Y llueve y llora todo a la vez,
sola
cuando el mundo ahí afuera
muere de calor,
y exilia en ella todo su frío.
Alguien que vacía un vaso de agua
delante de un sediento
es menos cruel que aquél que no le contó por qué.
Ha aprendido a desconocer la rabia,
y ya no entiende de rencores,
solo quiere fijar un velo de acero,
que parezca que se puede pero sea imposible de apartar,
justo en frente de todo lo que tenga que ver
con la tormenta más destructiva que asoló sus días.
-Lo más bonito de perderte
es que pierdo,
el que pierde siempre aprende más,
y yo aprendo a no querer lo que me sobra-.
Por otra parte, ganar una batalla sabiendo que el contrincante,
la tiene perdida de antemano,
no tiene ningún mérito.
Colecciona desengaños,
los guarda en frascos y se los bebe para ahogarlos otra vez;
como aquella señora que bebía lágrimas,
pretendiendo ahogar llantinas.
A veces le gustaría tener por corazón
algún mecanismo más frío y sólido,
que no jugase con ella
y que nadie más pudiese tocar.
Cose, compulsivamente, cualquier agujero de su ropa,
como si intentase remendar por fuera,
lo que no tiene remedio por dentro.
Y oculta, tapa, disimula, maquilla, esconde
al mundo todo su dolor.
Que dolerse a uno mismo ya es bastante complicado.
-No dueles tú,
ni tu ausencia,
no duele tu huida,
ni que fuese repentina,
como la muerte cuando busca
ser la más hija de puta.
Me duelo yo,
duele mi incapacidad de huir,
me duele seguir aquí esperando
y no querer perder el tren,
y desear a la vez, que ese tren no vuelva nunca.
Y como este dolor no tiene nada que ver contigo,
alguien habrá que cure mis heridas.
Y tampoco entonces me acordaré de ti-.
Dulce derrota la del que quiere ser vencido.
Dulce victoria la del perdedor que gana más con lo que pierde.
Puede verse, aunque es solo
un pequeño destello en medio de una nebulosa.
Pero no ha desaparecido todavía.
Es el blanco perfecto para una bala perdida,
va sin rumbo y no entiende las brújulas.
Con los sentidos embotados,
y una debilidad corrosiva
que quema desde los huesos más pequeños
hasta el último poro.
Su corazón claudica cada vez que alguien
le pregunta por qué,
y ella no sabe.
Eso es lo más triste que no le dijo alguien.
Y llueve y llora todo a la vez,
sola
cuando el mundo ahí afuera
muere de calor,
y exilia en ella todo su frío.
Alguien que vacía un vaso de agua
delante de un sediento
es menos cruel que aquél que no le contó por qué.
Ha aprendido a desconocer la rabia,
y ya no entiende de rencores,
solo quiere fijar un velo de acero,
que parezca que se puede pero sea imposible de apartar,
justo en frente de todo lo que tenga que ver
con la tormenta más destructiva que asoló sus días.
-Lo más bonito de perderte
es que pierdo,
el que pierde siempre aprende más,
y yo aprendo a no querer lo que me sobra-.
Por otra parte, ganar una batalla sabiendo que el contrincante,
la tiene perdida de antemano,
no tiene ningún mérito.
Colecciona desengaños,
los guarda en frascos y se los bebe para ahogarlos otra vez;
como aquella señora que bebía lágrimas,
pretendiendo ahogar llantinas.
A veces le gustaría tener por corazón
algún mecanismo más frío y sólido,
que no jugase con ella
y que nadie más pudiese tocar.
Cose, compulsivamente, cualquier agujero de su ropa,
como si intentase remendar por fuera,
lo que no tiene remedio por dentro.
Y oculta, tapa, disimula, maquilla, esconde
al mundo todo su dolor.
Que dolerse a uno mismo ya es bastante complicado.
Me duelo yo,
duele mi incapacidad de huir,
me duele seguir aquí esperando
y no querer perder el tren,
y desear a la vez, que ese tren no vuelva nunca.
Dulce victoria la del perdedor que gana más con lo que pierde.
miércoles, 29 de mayo de 2013
Créete el verso pero no al poeta
Mi verso es un monstruo de uñas largas
con el que hago el
amor todos los domingos.
Que te lo cuente mi espalda.
He visto los celos en tus ganas,
cada vez que me la has visto
arañada
y has oído sus historias.
En plural, ya lo sabes.
Tu tristeza me busca,
y yo todavía no he aprendido a decirle
que no.
Me busca, porque es tan adicta al drama como yo.
Aunque últimamente todo duele un poco menos,
y tengo la fiera de
dentro dormida,
precisamente por eso,
porque la espina ya no escuece tanto.
Desde que solo follamos,
no siento las copas rotas
que
seguían bailándome en el estómago,
ni los arañazos cada vez que me roza una esquina
de cristal.
El médico me ha dicho que tengo un soplo en el corazón.
Ha tenido que ser un exceso de suspiros.
Que entre sístole y diástole
debió cruzarse aire susurrando tu nombre.
Pobre corazón, menudo susto.
Me lo tienes descuidado y triste.
Pobre corazón, menudo susto.
Me lo tienes descuidado y triste.
Los poemas que chorrea
cada vez que me abre las venas
para
soltar sus explosiones de tristeza,
empañan un silencio insultante y
aplastante,
porque te llevaste contigo todas las cosas que hacían ruido.
Nos robaste todas las canciones,
y nos hemos quedado a medias
escribiendo la letra más triste del
mundo.
Sin ti, somos una palabra fea sin acento ni entonación.
Una carta de amor que no puede escribir un te quiero.
Una mujer fatal enamorada hasta las trancas de cualquier
idiota.
Somos los protagonistas de una comedia dramática,
en la que
el desengaño, más que la historia, son los actores.
Escogerte nunca fue una opción,
quedarme contigo no era un
planteamiento válido,
todo lo falaz se escondía en tu boca,
imagina lo que es
besar eso,
o versar sobre eso.
Ya casi no noto que estoy sola cuando estoy sin ti,
porque
estar contigo es otro tipo de soledad,
la soledad del que decide dar un paseo
por el borde del precipicio
y escoge el camino peligroso,
el de querer,
mientras que tú, escogías el cómodo,
el de que te quieran.
Así que ahora que ya
he caído todos los kilómetros
que pueden recorrerse en perpendicular,
ahora que
toqué fondo
y me ahogo en un mar sin arena,
llenito de ausencia,
y me ahogo en un mar sin arena,
llenito de ausencia,
hago el amor con los versos que te escribo,
y me dejan más marcas
que tú,
porque mi verso es un monstruo de uñas largas que me gusta tirarme
todos los domingos,
cuando estar sola duele más y cuando recordar
se pone de moda en mi habitación,
justo a las doce y media, más o menos a la hora en que sé que tú ya sueñas, y que no es conmigo.
Más o menos en el momento exacto en que empieza otro lunes de mierda.
se pone de moda en mi habitación,
justo a las doce y media, más o menos a la hora en que sé que tú ya sueñas, y que no es conmigo.
Más o menos en el momento exacto en que empieza otro lunes de mierda.
miércoles, 22 de mayo de 2013
Contar mentiras tralará, un, dos, tres, respira
La verdad tampoco me interesa,
la mentira, a veces
no solo es buena
también te la mereces.
Cómo cuando te decía:
algún día, prometo dejar
que me deshagas las trenzas.
Algún día, prometo dejar
que me devuelvas la tristeza,
y entre tormentas
te encontraré los veranos
perdidos porque septiembre llegaba demasiado pronto.
Aunque no era tanta mentira,
cuando sabía que iba a volver a dejarme querer
y entonces
volvería a dejarme de gustar.
No me caigo bien cuando estoy contigo.
Me aburre la vida
cuando no se deja besar.
Me ahuyenta, cuando me dice
que la compañía es incierta.
Por todas las veces que quise
que estuvieses de mentira
o de verdad,
por todas las veces que no me importó.
Por todas las veces que un miércoles
no debió parecerme domingo,
por todas las veces que conté a otro
aquello que solo debió pasar contigo,
por todas y cada una de las veces
que te has convertido
en un cachito de papel en el que sole pone:
no existo.
Y por todas las veces que
te he echado de menos y no debí
hacerlo,
tengo que decirte que hoy veo el mundo
color primavera,
que este verano pienso irme al mar
que voy a llenar mis ojos de sal
y que no tengo ninguna intención
de pronunciar sumergida en todo ese azul
ni una sola de las letras de tu nombre.
Tengo que decirte que voy a volver a empezar
que voy a encontrar mi punto cero
y el cuentakilómetros
irá mucho más rápido que antes.
No pienso perderme ni un solo
átomo contaminado de Madrid.
Al fin y al cabo, tengo, como todos, la mala costumbre de respirar.
la mentira, a veces
no solo es buena
también te la mereces.
Cómo cuando te decía:
algún día, prometo dejar
que me deshagas las trenzas.
Algún día, prometo dejar
que me devuelvas la tristeza,
y entre tormentas
te encontraré los veranos
perdidos porque septiembre llegaba demasiado pronto.
Aunque no era tanta mentira,
cuando sabía que iba a volver a dejarme querer
y entonces
volvería a dejarme de gustar.
No me caigo bien cuando estoy contigo.
Me aburre la vida
cuando no se deja besar.
Me ahuyenta, cuando me dice
que la compañía es incierta.
Por todas las veces que quise
que estuvieses de mentira
o de verdad,
por todas las veces que no me importó.
Por todas las veces que un miércoles
no debió parecerme domingo,
por todas las veces que conté a otro
aquello que solo debió pasar contigo,
por todas y cada una de las veces
que te has convertido
en un cachito de papel en el que sole pone:
no existo.
Y por todas las veces que
te he echado de menos y no debí
hacerlo,
tengo que decirte que hoy veo el mundo
color primavera,
que este verano pienso irme al mar
que voy a llenar mis ojos de sal
y que no tengo ninguna intención
de pronunciar sumergida en todo ese azul
ni una sola de las letras de tu nombre.
Tengo que decirte que voy a volver a empezar
que voy a encontrar mi punto cero
y el cuentakilómetros
irá mucho más rápido que antes.
No pienso perderme ni un solo
átomo contaminado de Madrid.
Al fin y al cabo, tengo, como todos, la mala costumbre de respirar.
Vamos a volver a jugar a eso que hacíamos antes
a ver quién aguanta más tiempo sin aire,
ganaré,
y cuando vuelva a empezar
todo olerá a nuevo.
domingo, 19 de mayo de 2013
Por mucho miedo que dé
Eres el mejor secreto que se me ha escapado.
Te conté y desapareciste.
Después de ti solo sé decir mentiras,
y esconder que me tatué tu nombre
sobre las venas más pequeñas y más azules
que se me ven en las muñecas.
Solo soy libre, cuando me quedo con lo puesto,
porque no me cabes en los bolsillos.
Y no entiendo de dónde salen las cadenas,
por qué me las puse,
por qué te di la llave,
qué coño hago con mis días que pretendo regalarte horas,
como si me sobrasen.
No entiendo por qué sigo queriendo desvestirte
si nunca he sabido desnudarte.
Y nunca sé si de verdad quieres quedarte
si soy estación de paso,
o si quieres ver pasar trenes conmigo.
Pero sí sé que siempre que llegas
desaprendo todo lo aprendido,
incluso a caminar,
pierdo el equilibrio,
soy un funambulista con alzheimer que no recuerda
que es inmune al vértigo.
Y tengo miedo,
pero no me importa caer,
por mucho que asuste.
Siempre me han importado
lo mismo que nada las caídas,
las roturas de huesos,
esguinces,
o las rozaduras en las rodillas.
No me importa la cicatriz
que reabres,
no me importa que no
se vuelva a cerrar.
No me importa hacerme daño
ni que sea profundo
o aplastante.
No me importa,
si me llevaste a volar.
No me importa,
por mucho miedo que dé.
Te conté y desapareciste.
Después de ti solo sé decir mentiras,
y esconder que me tatué tu nombre
sobre las venas más pequeñas y más azules
que se me ven en las muñecas.
Solo soy libre, cuando me quedo con lo puesto,
porque no me cabes en los bolsillos.
Y no entiendo de dónde salen las cadenas,
por qué me las puse,
por qué te di la llave,
qué coño hago con mis días que pretendo regalarte horas,
como si me sobrasen.
No entiendo por qué sigo queriendo desvestirte
si nunca he sabido desnudarte.
Y nunca sé si de verdad quieres quedarte
si soy estación de paso,
o si quieres ver pasar trenes conmigo.
Pero sí sé que siempre que llegas
desaprendo todo lo aprendido,
incluso a caminar,
pierdo el equilibrio,
soy un funambulista con alzheimer que no recuerda
que es inmune al vértigo.
Y tengo miedo,
pero no me importa caer,
por mucho que asuste.
Siempre me han importado
lo mismo que nada las caídas,
las roturas de huesos,
esguinces,
o las rozaduras en las rodillas.
No me importa la cicatriz
que reabres,
no me importa que no
se vuelva a cerrar.
No me importa hacerme daño
ni que sea profundo
o aplastante.
No me importa,
si me llevaste a volar.
No me importa,
por mucho miedo que dé.
Te juro, te juro, que no me importa...
morir,
si es haciendo y deshaciendo el amor ,
contigo.
viernes, 3 de mayo de 2013
Mar, tormenta y desaire
Te presto mi cama
te dejo dormir la siesta
sueño por ti cualquier pesadilla
amenazo a las vecinas que se atreven
a pasear con tacones en el piso de arriba
preparo té
tostadas
y oleadas de fuego dentro de mí,
te pido que descanses tus tormentas, amor
convenciéndome,
de que no voy a volver a ahogarme.
Pedazo de océano.
Qué miedo das.
Pero no me importa
te veo dormir
y pienso que jamás había notado como anochece
a media tarde
cuando cierras los ojos.
Como la luna,
enamorada de ti
y celosa de mí,
busca hacerle sombra al sol,
y velar tu sueño.
Me mareo
entre tus holas,
y vomito cada adiós.
No quiero darme cuenta
pero ya estoy hundiéndome.
Haces de mí lo que quieres,
como un niño con una muñeca rota.
Solo te ha faltado
romperme la boca
de una patada, amor.
Solo te ha faltado
tirarme a la basura
la poesía del mundo, amor.
Solo faltó o hizo falta un minuto
para volver a pasear la tabla
a sentir tu espada en mi espalda
viendote más pirata que nunca
y temblar de miedo
porque voy a caer
y pude haber salido corriendo a tiempo,
y no entiendo
como no me arrepiento.
Me puse a tiro,
aun sabiendo que tú tienes mejor puntería
que yo.
Y no entiendo
como no me arrepiento.
Te has convertido en un goteo
incesante e incómodo
de recuerdos,
que se escapan por los agujeros
de mi corazón.
Creo que esta vez
voy a vaciarme del todo.
Aunque sin ti yo no sea más
que un desierto consumido por su propio fuego
después de perder su único punto de canalización.
te dejo dormir la siesta
sueño por ti cualquier pesadilla
amenazo a las vecinas que se atreven
a pasear con tacones en el piso de arriba
preparo té
tostadas
y oleadas de fuego dentro de mí,
te pido que descanses tus tormentas, amor
convenciéndome,
de que no voy a volver a ahogarme.
Pedazo de océano.
Qué miedo das.
Pero no me importa
te veo dormir
y pienso que jamás había notado como anochece
a media tarde
cuando cierras los ojos.
Como la luna,
enamorada de ti
y celosa de mí,
busca hacerle sombra al sol,
y velar tu sueño.
Me mareo
entre tus holas,
y vomito cada adiós.
No quiero darme cuenta
pero ya estoy hundiéndome.
Haces de mí lo que quieres,
como un niño con una muñeca rota.
Solo te ha faltado
romperme la boca
de una patada, amor.
Solo te ha faltado
tirarme a la basura
la poesía del mundo, amor.
Solo faltó o hizo falta un minuto
para volver a pasear la tabla
a sentir tu espada en mi espalda
viendote más pirata que nunca
y temblar de miedo
porque voy a caer
y pude haber salido corriendo a tiempo,
y no entiendo
como no me arrepiento.
Me puse a tiro,
aun sabiendo que tú tienes mejor puntería
que yo.
Y no entiendo
como no me arrepiento.
Te has convertido en un goteo
incesante e incómodo
de recuerdos,
que se escapan por los agujeros
de mi corazón.
Creo que esta vez
voy a vaciarme del todo.
Aunque sin ti yo no sea más
que un desierto consumido por su propio fuego
después de perder su único punto de canalización.
miércoles, 1 de mayo de 2013
A un 28 de Abril que no quería soplar velas
He dejado a la
espalda
parques llenos
de mis huellas
recorridos
siempre de tu mano.
Todavía tengo
arena en los bolsillos
de todas las
veces que te cocinaba pasteles
(o a saber)
escondida en
casetas de madera.
Creyéndome
invencible con tu mano a la espalda
volé más alto
que cualquiera
en un columpio.
Qué de veces te
dije
mientras se me
alargaban las piernas
y los brazos
que quería
seguir volando.
Qué de veces te
rogué que aflojases
los puños
que dejases
escapar mi sombra
que este Peter
Pan quiere crecer,
y te
reconoceré,
que a veces
(y solo a
veces)
me arrepiento
(un poco) ahora,
de haber
insistido tanto.
Y pienso que
tal vez era mejor cuando
estabas para
que no cruzase en rojo.
Que tal vez era
mejor cuando
solo tú podías
ser el hombre de mi vida.
O cuando me
enseñabas a multiplicar sueños,
vidas y
estrellas,
o solamente
caramelos,
cantando tablas
de números por las calles de una ciudad con mar.
Que ahora me
caigo
y recuerdo
cuando me pelaba las rodillas y
venías con agua
oxigenada a curar,
que escocía, y
tú decías que no,
y yo inocente
me lo creía
y cuando
gritaba y me apartaba
soltabas eso
de: o se cura o hay que cortar
por lo sano.
Y sí, eso
también me lo creía.
Para que luego
digas que nunca te he hecho caso.
Cómo no hacer
caso a alguien
que siempre lo
sabe todo.
Que tiene
respuestas pero no las regala.
Lección de vida y experiencia,
buscando siempre
la excepción ante la regla.
Tú, papá, padre
o como quieras,
eres la persona
más valiente que conozco.
De verdad que
tener a alguien como tú
descubriendo
caminos
y desmontando,
a veces, obstáculos,
es la mejor
manera de conocer el mundo.
El ochenta por
ciento de mi es una copia de ti.
Tengo tu pelo
tus ojos
y tus maneras.
Sé que no te lo
digo mucho,
porque parece
cosa de blandos
y tú siempre
has sido un poco coraza
(¿o no?),
y yo siempre he intentado imitarte
(¿verdad?);
pero te quiero.
No sé muy bien
como contártelo,
pero
intento
escribirte un buen abrazo
un, que tengas un muy feliz día
padre,
que es tu día, este y todos,
porque todos
los días de mi vida son tuyos
y que aunque no
esté dándote besos en la barba
te los mando
desde aquí.
Que en estas
letras caben muchos abrazos,
besos, y ‘te
quieros’ silenciosos,
no hace falta
hacer ruido
que igual son
las cuatro y te pillo dormido.
Mejor que lo
vean bien esos ojos verdes,
y que puedan
verlo cada vez que despierten.
Aquí te dejo un
cachito de nosotros,
sigue
cumpliendo vida cerca,
que yo pueda
verla bien
y cumplirla contigo.
Aunque no soplemos velas,
porque ni nos hace falta
ni queremos estropear el pastel,
vamos a hincharnos a desearlo todo.
Cumpleaños feliz.
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