miércoles, 1 de mayo de 2013

A un 28 de Abril que no quería soplar velas

He dejado a la espalda

parques llenos de mis huellas
recorridos siempre de tu mano.
Todavía tengo arena en los bolsillos
de todas las veces que te cocinaba pasteles
(o a saber)
escondida en casetas de madera.
Creyéndome invencible con tu mano a la espalda
volé más alto que cualquiera
en un columpio.
Qué de veces te dije
mientras se me alargaban las piernas
y los brazos
que quería seguir volando.
Qué de veces te rogué que aflojases
los puños
que dejases escapar mi sombra
que este Peter Pan quiere crecer,
y te reconoceré,
que a veces
(y solo a veces)
me arrepiento (un poco) ahora,
de haber insistido tanto.
Y pienso que tal vez era mejor cuando
estabas para que no cruzase en rojo.
Que tal vez era mejor cuando
solo tú podías ser el hombre de mi vida.
O cuando me enseñabas a multiplicar sueños,
vidas y estrellas,
o solamente caramelos,
cantando tablas de números por las calles de una ciudad con mar.
Que ahora me caigo
y recuerdo cuando me pelaba las rodillas y
venías con agua oxigenada a curar,
que escocía, y tú decías que no,
y yo inocente me lo creía
y cuando gritaba y me apartaba
soltabas eso de: o se cura o hay que cortar
por lo sano.
Y sí, eso también me lo creía.
Para que luego digas que nunca te he hecho caso.
Cómo no hacer caso a alguien
que siempre lo sabe todo.
Que tiene respuestas pero no las regala.
Lección de vida y experiencia,
buscando siempre
la excepción ante la regla. 
Tú, papá, padre o como quieras,
eres la persona más valiente que conozco.
De verdad que tener a alguien como tú
descubriendo caminos
y desmontando, a veces, obstáculos,
es la mejor manera de conocer el mundo.
El ochenta por ciento de mi es una copia de ti.
Tengo tu pelo
tus ojos
y tus maneras.
Sé que no te lo digo mucho,
porque parece cosa de blandos
y tú siempre has sido un poco coraza
(¿o no?),
y yo siempre he intentado imitarte
(¿verdad?);
pero te quiero.
No sé muy bien como contártelo,
pero
intento escribirte un buen abrazo
un, que tengas un muy feliz día padre, 
que es tu día, este y todos,
porque todos los días de mi vida son tuyos
y que aunque no esté dándote besos en la barba
te los mando desde aquí.
Que en estas letras caben muchos abrazos,
besos, y ‘te quieros’ silenciosos,
no hace falta hacer ruido
que igual son las cuatro y te pillo dormido.
Mejor que lo vean bien esos ojos verdes,
y que puedan verlo cada vez que despierten.
Aquí te dejo un cachito de nosotros,
sigue cumpliendo vida cerca,
que yo pueda verla bien
y cumplirla contigo.

Aunque no soplemos velas, 
porque  ni nos hace falta
ni queremos estropear el pastel,
vamos a hincharnos a desearlo todo. 
Cumpleaños feliz. 

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