lunes, 11 de febrero de 2013

Hay mares en todas partes

El mundo debería acabarse cada vez que dices adiós,
y yo debería ir por el mundo devolviéndote los finales.
Pero tú eres como ese café de por las mañanas
que no soy capaz de acabar,
y cómo ponerte fin,
si sigo saboreándote.
Has vuelto a equivocarte;
te parecía tonta, inocente o buena ¿verdad?
y no la vas a encontrar más destructiva que yo.
Léeme ahora que ya no te escribo,
mírame ahora que ya no me importa,
búscame ahora que ya no te sigo.
Empieza a huir de mi y me encontrarás,
porque soy la certeza que te queda
después de todas esas dudas
que ni la almohada te deja consultar.
Me tienes sueño, y no ganas.
Lo que quieres es dormir conmigo
y llamarme 'princesa'
pero yo prefiero vivir vendiéndome al mejor postor
y darle a la botella.
Que escribo para olvidar y no funciona,
así que me paso a lo tradicional,
a vaciar botellas por saciarme de esta rara sed de ti,
que no me quiere abandonar,
llenarlas de letras, tirarlas al mar,
y preguntar gritando a todo ese azul
por qué escogió vivir en tus ojos.


jueves, 7 de febrero de 2013

Ausencias

Escríbeme los besos más tristes esta noche,
no hace falta que los hagas rimar
solo necesito que dejen huella
que manchen de saliva
que, mientras me recorren entera,
se les pase la tristeza.
Y que se conviertan en canción,
que no tenemos que cantar
que solo es poner banda sonora
a lo que ya la tiene;
cambiarlos por ese ruido
que hace todo lo que no sucede en tu cama.
Que guapo estás ahí tan despeinado
y con esas ojeras de no haber dormido conmigo.
Que bien te sienta echarme de menos.
Pareces un invierno que ha perdido
el frío por un momento
y entrecierra los ojos
para intentar acostumbrarse a la luz del sol.
Pareces todo lo que llega después de los poemas,
todo lo que queda después de dejarte en el papel:
un millón de nostalgias sempiternas.
En fin, perdona que me invente todo esto,
perdona que siga escribiéndote.
Es que todavía no me recupero
de todo lo que quise decirte
después de cada beso
o durante todos los silencios.
No me recupero de no sentir ya el calor de tu piel
y de no vivir infiernos en pleno enero
por el mero hecho de estar a tu lado.
No me recupero de haberte tenido.
Ahora tengo frío y fiebre
estoy enferma de no tenerte,
y no me recupero.

miércoles, 23 de enero de 2013

Un trapecista poeta

'Poemas y cuentos de un trapecista retirado que no supo olvidar el circo'
iba a titularse su libro.
¿Os suena?
A mi tampoco.
No existe.
Eran unos cuantos papeles
manchados por las frágiles líneas
de una historia mal contada.
El trapecista,
cuando es trapecista,
se sube al columpio
y empieza a volar.
Está, de repente, en otro mundo
más rápido, más indefinido,
pero con más detalles
de esos que aparecen cuando el vuelo
es algo más lento,
de esos que lo hacen especial.
El resto es fácil de olvidar.
Cuando sube al columpio
y está solo
simplemente vuela
aunque tenga las alas llenas
de una ausencia
que no entiende,
que no le dice
qué le falta
y le hace ser consciente
de que en realidad no tiene alas.
Aquí todos sus sentidos se despiertan
alerta
para no sucumbir al vértigo
que tanto cuesta
esconder.
Cuando, sin embargo, sube al columpio
y hay otro columpio
y el baile en el aire es de dos,
se olvida de que no tiene alas
se olvida de tener cuidado
se olvida del riesgo que corre
se olvida de que abajo no hay red,
y confía siempre
en que al llegar al punto de encuentro
ella estará,
su bailarina,
tendiéndole la mano
para dar otro de esos saltos mortales,
otro de esos pasos de baile
que hacen aplaudir tanto
a un público invisible,
del que ya se han olvidado.
Entonces, confiar es un acto reflejo.
No es consciente de que el suelo
cada vez parece alejarse más.
Viven un baile interminable
que nadie quiere acabar
no le han escrito un final
no existen los puntos
en este mundo de aire y cuerdas
con banda sonora de velocidad.
Ellos van muy rápido y
el tiempo queda en pause,
cada vez que a media vuelta
se rozan los labios.
Y si piensan que es imposible,
es porque no saben besar.
Pero el tiempo no puede estar mucho rato quieto,
el tiempo no puede pararse en un verso
a saborear un beso de trapecistas,
de locos que vuelan con cuerdas,
columpios y aros.
El tiempo no espera por nadie,
se mide en trenes que se van.
Y ellos parecen estar dejándose la vida
demasiado
queriendo alargar cada beso.
El fin del baile lo escribe su bailarina,
que olvida tenderle la mano.
Desaparece.
El trapecista cae,
y la caída es dolorosa.
Y ese dolor monopoliza su tiempo,
y el tiempo pasa ahora siempre más rápido.
Entonces, se hace poeta.
Y parece estar pisando un vacío constante
mientras araña los minutos que se van.
El poeta traslada su vértigo escondido de trapecista
a las páginas que mancha con poemas
para la voladora que lo dejó caer.
Y todos acaban igual,
con una frase como punto final:
parece que todo el que cae se hace poeta.

lunes, 14 de enero de 2013

Para ti, drama


Mi guapo drama.

Esta mañana me he despertado acordándome de ti,
otra vez.
Porque he soñado contigo, otra vez.
Y creo que sabes muy bien lo que hacías.
O no. No sé si eres consciente de todo
lo que me haces en sueños, pero
ay, si lo fueses.
Voy cayendo en una espiral de contradicciones
de todo tipo y adicciones
a cualquier cosa que me recuerde a ti.
Un perfume, un color, un sabor;
un chute de libido.
Un día dormí contigo pensando que no te quería,
y cuando amanecí se me hizo eterno el rato
que tardaste en abrir los ojos y volver a mirarme.
En ese rato eterno me di cuenta de que así
es como lo haces.
Así es como consigues ser la otra mitad del universo,
y que millones de ojos quieran velar tu sueño.
Así, de esa manera, me enganché a ti.
Esta noche te buscaba en tu hueco de mi cama,
hueco que todavía no existe,
como ya supones,
no te encontré.
Llevo mucho tiempo intentando dejar de buscarte
para encontrarme a mi.
Y al final tal vez entienda, y pueda contarte,
que no pasa nada porque no te encuentre de nuevo
que ya fuimos una noche de verano
acostados sobre césped,
que soy yo la que te escribió su vida en be(r)so
por toda la piel
porque algo que era tan tuyo no podía ir
sobre papel.
Soy la que te regaló un corazón de piedra
pero latente y doliente
como último acto suicida
ante un amor tan intenso y adolescente.
Y cuando lo perdiste, supe vengarme.
Supe encontrar tus pesadillas en las hojas de té
donde otras te inventaban futuros, y acabar con ellas
para hacerte soñar unas nuevas,
que tuviesen que ver conmigo.
Soy la impaciente que no sabe esperarte
y te acosa en sueños.
Soy la que te escribe siempre jugando al escondite.
Soy la que se dejó tatuar el dibujo de tus incisivos,
colmillos y premolares
en la clavícula,
porque fue tan tuya que te guarda el derecho
a volver a morderla.
Soy la que se dejó robar el primer beso,
y naufragó tantas veces en los que vinieron después,
que no ha vuelto a encontrar puerto
donde probar un ron más exquisito
que al que sabía tu boca
aquellas noches de locura.
Soy la que te quiere todos los veranos,
y se olvida de ti en invierno.
La más destructiva de las morenas
con las que te has acostado.
Soy la que ahora mismo está deseando
perder la vida entre tus piernas,
pero aun así te recuerda,
que el tiempo sin ti es empotrar
a otros contra mis paredes
y que no debes olvidar que no te quiero.
Que no volveré a quererte,
hasta que tú ya no me quieras.
Siempre serás como esa canción tan vieja
que tanto me gusta;
un 'ni contigo ni sin ti'...

y el contigo que sea siempre cerca,
y el sin ti, que sea siempre echándote de menos.



sábado, 5 de enero de 2013

Un sin fin de adioses

Te voy a dedicar un adiós muy corto, rápido, y ni una palabra más.
No quiero echarte de menos

Adiós pequeño ángel caído.

Pero antes has de saber;
que aunque el infierno sin ti va recuperando su calor
mis inviernos, no...
Que jamás había pasado tanto frío y
no quiero ni pensar en lo que será
la primavera.
Que para mi la esperanza se intuye
en el gris de los nubarrones,
cuando parece que la lluvia viene
tapando los claros de cielo,
que últimamente me dan tanto miedo...
Que invento monstruos
porque abandoné la razón,
(en aquella última esquina
junto a aquél último beso)
y estos ni siquiera se esconden debajo de la cama,
y todo el tiempo se parecen a ti.
Pero también debes saber
que sé
que algún día serás solo un remiendo a la altura del corazón,
una rodillera tapando los agujeros
que abren las caídas.
O una pequeña cicatriz de esas que se resienten
con los cambios de estación,
que perdieron la batalla al tiempo
y no lo entienden.
Y duelen, o intentan doler,
por llamar la atención de alguien
que ya no recuerda ni cuándo,
ni cómo, ni por qué o con qué
se hizo la herida
que dibujó esa cicatriz...
tan bonita.
¿Cómo me la haría?
Tal vez en una de todas esas veces
que caí de la cuerda,
cuando me daba por buscarte
en aquellos bucles de equilibrios,
hasta que de repente
me creía valiente
y miraba al otro extremo
donde tú ya nunca estabas esperando,
y así me convencía de que era hora
de dejarse caer.
Fotografíe mis partes favoritas de ti
para ese momento que tanto se repetía,
ese en el que estás cayendo
y toda la vida pasa por delante de tus ojos.
Las ordené guardándome las mejores para el final,
para dejar todos los días con buen sabor a ti.
Recordarlas ahora es casi igual de cruel
que verte regalando al mundo sonrisas,
y saber que no hay ninguna sincera para mi.
Eres una tortura lenta,
peor que aquella de la gota china;
mi corazón terminará desistiendo
por culpa del insomnio y la sed de ti,
como el de aquellos que la tuvieron que sufrir.
Quién iba a pensar que el agua podía ser tan destructiva.
Quién iba a imaginar que tú podías ser tan destructivo,
o que la falta de ti, lo sería aún más.
Esforzarse en resistir ya cansa.
Se me acabaron los mundos a los que escapar,
donde tus ojos dejaban de existir,
simplemente dijeron: ¡no hay más!
igual que las cuerdas sobre las que bailar
buscándote al otro lado.
Y digo bailar, sí, temeraria e imprudente siempre por ti,
buscando al fin y al cabo la caída como punto y final
a todos los días.
Se me acabaron también los caminos que engañar
para cambiar su rumbo
y hacer que lleven siempre a tu habitación.
Se me ha acabado eso de ir por el mundo
del revés
por ver si así en ver de irte, vuelves.
Se acabó porque nada sirve.
Debería olvidarte, sin embargo,
cada vez que lo intento,
vuelvo a memorizar mis partes favoritas de ti.
Y así sigo, aquí, como no me ves.
Escribiendo siempre de lo mismo y de ti,
porque eres el fantasma que más cuesta
olvidar.
Porque cuando todo lo demás se va de mi,
perece y se olvida en páginas blancas,
siempre que intento desvestir mi alma de ti,
un sin embargo me obliga a volver a leerte
y no termino nunca de abandonarte en tinta y papel.
Y no termino nunca,
no te termino nunca...

Ahora que ya lo sabes, te mando un adiós sin fin
o un sin fin de adioses.



lunes, 17 de diciembre de 2012

Lo que es vivir de ti


Delicate - Damien Rice

A veces vivo de tu vida.

A veces vivo tantas veces de tu vida
que he llegado al punto de no recordar 
cómo se hacía para sobrevivir antes de ti. 
Has sido tanto tiempo oasis dentro de mi,
que cuando el calor delirante me confirmó que eras un espejismo,
la sed de ti me mató.
No te he tenido, jamás, tantas ganas
como cuando me dijiste adiós. 
También vivo de tus despedidas
porque son las últimas que me quedan.
Esas con sabor de hasta luego 
sin saber bien hasta cuando. 
Todas frente al tango
de tus rizos y este viento
que arrastra mis pasiones y los
mil adioses escondidos entre tus dedos.
Diría que esconden casi tantos como los que
caben en esta estación de autobús. 
Donde estar sin tener nadie a quien 
despedir
es lo más triste que le ha sucedido jamás
a mis labios.
Qué tortura.
Todo alrededor son besos.
Y ninguno lleva mi nombre, 
y ninguno sabe a ti.

Qué recuerdo tan capullo

el tuyo,
ni que buscase dibujarme infiernos
en la cama
cuando más fría la tengo,
cuando más pena me da la sábana 
tan blanca, tan pura
tan sola, tan perdida, tan desierta, 
tan sin tus pasiones y lascivias
tan virgen y lluviosa
tan sin tu tristeza,
con ese complejo de inmensidad vacía;
mi sábana.

Tan falta de tu cuerpo

respirando sobre el mío
en esas noches, las más oscuras,
en que se nos llenaba la habitación de olor a césped,
y yo te contaba aquello de que
cada invierno
te haría lo que nos hace el otoño cuando llega
pero con más calor 
y menos nostalgias 
(recuerda que el otoño todo
lo desviste) -.

No puedo decirte que la única manera

que tengo ya de escribirte
es desnuda. 
No te diré que con ropa 
se me esconden las palabras 
que hablan de ti
y me invade la duda. 
La duda de si tal vez ahora, 
en este mismo momento,
otras estén aprendiendo
que cerca de ti vale más no arriesgarse a llevar ropa.

Tampoco puedo contarte

que ya no creo en los cuentos para dormir
desde que tu voz se los llevó, de la mano,
susurrando despacito todos los finales,
y ninguno era feliz
Ahora el insomnio seca mis ojos,
no me deja parpadear
y sueño despierta con que vuelves
de madrugada
a decirme: 'que pequeña eres'
y me arropas
mientras yo me desmayo al notar 
tus labios de sueño besándome los parpados
como tantas veces te has desmayado tú
por exigir un poco de dulzura.

No puedo contarte que aunque teníamos un trato

siempre supe que no lo cumpliría.
Que aunque a veces viva de tus despedidas,
pronunciar un adiós relacionado contigo
me suena a disparo en la sien
y a nota de suicidio.

Y no puedo contarte

que te echo tanto de menos
que vivir de tu ausencia
cuando se ha vivido de tu vida
empieza a no ser suficiente. 
Empieza a ser imposible sobrevivir-te.

Que haces que la soledad

se defina universalmente
como la falta de ti,

y faltas,

faltas demasiado.
.

martes, 4 de diciembre de 2012

Pequeñeces que sé que no te importan

Las dudas me resbalan por la espalda,
escondiéndome las cosquillas de ti,
que guapo te pones cuando te olvidas de mi.

Con tu irresistible indiferencia;
solo se te puede definir trágicamente.

Seguir queriéndote es caerse de la cama.
Dicen, a veces,
que a base de golpes se aprenden las lecciones.
Yo no termino de entender qué intentan enseñarme
estos que me doy tropezando
cuando sueño contigo,
o qué pretende tu ausencia golpeándome
cuando pierdo mi tiempo pensando en ti,
o qué significa esta hostia
que me da la vida
cuando pasan los días
y todo me recuerda que ya no te tengo,
y que no volveré a tenerte.

El frío de pleno derecho llega con diciembre,
qué rojo se me pone el corazón en diciembre;
bombea ganas de pasar el invierno al desnudo
y despierta las sombras del ventrículo izquierdo,
que siempre ha sido
el que más te echa de menos.

Que fácil es exponerse a veces,
desvestirte de la piel, escribir,
dejar que todo el mundo te radiografíe
como si fuesen máquinas de rayos equis.
Y tú, tan miope... que no proteges
ni un poquito tu intimidad,
que tiendes las bragas en frente del vecino,
y te despreocupas,
perdida,
con esa mirada ausente tan tuya,
pensando solo en qué frágiles parecen esas cuerdas y
qué valientes son los funambulistas que
se dejan el vértigo a saber en qué lugar,
y caminan por encima de ellas,
obligándote a pensar que es porque al otro lado los espera el amor de su vida.

Al otro lado de la cuerda de nuestra historia
sigo esperándote yo
en camisa, sin botones y descalza
llegué hasta aquí dejándome el vértigo en ti
en nuestro último beso...
no vienes, y quiero ir a buscarte
pero perdí el equilibrio en todos
los botones que me arranqué como incentivo
a ver si así llegabas.
A ver si desnuda te imantaba.

Y no. No vienes, ni viniste, ni vendrás.
Así que recojo los botones
y me dispongo a huir,
pero las tontas como yo huimos en círculos.
Que estúpida, que no me doy cuenta
de que
huir de ti
no podrá jamás depender de mi.

Y que pequeña me quedo cuando te confieso,
de estas mil maneras distintas,
que sigo pensándote,
que sigues teniendo libre acceso a lo más profundo de mi.

Cómo es posible
que todas las letras susurren tu nombre,
cómo es posible encontrarte en los detalles de la gente,
en ciertas miradas,
en algunas de las sonrisas más bonitas de la calle
o en los 'buenos días' y el 'gracias' del violinista del metro
cuando le regalo lo poco que me queda en la cartera.
Cómo es posible
que todas las historias se refieran a mi sin ti,
y nunca a ti sin mi...
será que el drama vende;
vende penas como las mías.

No hace mucho me soñé intentando vender
mi alma a las Parcas.
Quería saber si ellas tienen acceso al hilo de tu vida
por si, tal vez,
podían deshacer ese extraño nudo que ha formado
con la mía.
Luego les sugerí
que tuviesen más cuidado con los hilos del destino
que andan enredándose de muy malas maneras.
Y así fue como casi pierdo la vida por tu culpa,
en medio de un sueño.
Y también fue así como me desenredé de ti.

Vamos a dejarnos ir anda,
vamos a dejarnos ir.