martes, 4 de diciembre de 2012

Pequeñeces que sé que no te importan

Las dudas me resbalan por la espalda,
escondiéndome las cosquillas de ti,
que guapo te pones cuando te olvidas de mi.

Con tu irresistible indiferencia;
solo se te puede definir trágicamente.

Seguir queriéndote es caerse de la cama.
Dicen, a veces,
que a base de golpes se aprenden las lecciones.
Yo no termino de entender qué intentan enseñarme
estos que me doy tropezando
cuando sueño contigo,
o qué pretende tu ausencia golpeándome
cuando pierdo mi tiempo pensando en ti,
o qué significa esta hostia
que me da la vida
cuando pasan los días
y todo me recuerda que ya no te tengo,
y que no volveré a tenerte.

El frío de pleno derecho llega con diciembre,
qué rojo se me pone el corazón en diciembre;
bombea ganas de pasar el invierno al desnudo
y despierta las sombras del ventrículo izquierdo,
que siempre ha sido
el que más te echa de menos.

Que fácil es exponerse a veces,
desvestirte de la piel, escribir,
dejar que todo el mundo te radiografíe
como si fuesen máquinas de rayos equis.
Y tú, tan miope... que no proteges
ni un poquito tu intimidad,
que tiendes las bragas en frente del vecino,
y te despreocupas,
perdida,
con esa mirada ausente tan tuya,
pensando solo en qué frágiles parecen esas cuerdas y
qué valientes son los funambulistas que
se dejan el vértigo a saber en qué lugar,
y caminan por encima de ellas,
obligándote a pensar que es porque al otro lado los espera el amor de su vida.

Al otro lado de la cuerda de nuestra historia
sigo esperándote yo
en camisa, sin botones y descalza
llegué hasta aquí dejándome el vértigo en ti
en nuestro último beso...
no vienes, y quiero ir a buscarte
pero perdí el equilibrio en todos
los botones que me arranqué como incentivo
a ver si así llegabas.
A ver si desnuda te imantaba.

Y no. No vienes, ni viniste, ni vendrás.
Así que recojo los botones
y me dispongo a huir,
pero las tontas como yo huimos en círculos.
Que estúpida, que no me doy cuenta
de que
huir de ti
no podrá jamás depender de mi.

Y que pequeña me quedo cuando te confieso,
de estas mil maneras distintas,
que sigo pensándote,
que sigues teniendo libre acceso a lo más profundo de mi.

Cómo es posible
que todas las letras susurren tu nombre,
cómo es posible encontrarte en los detalles de la gente,
en ciertas miradas,
en algunas de las sonrisas más bonitas de la calle
o en los 'buenos días' y el 'gracias' del violinista del metro
cuando le regalo lo poco que me queda en la cartera.
Cómo es posible
que todas las historias se refieran a mi sin ti,
y nunca a ti sin mi...
será que el drama vende;
vende penas como las mías.

No hace mucho me soñé intentando vender
mi alma a las Parcas.
Quería saber si ellas tienen acceso al hilo de tu vida
por si, tal vez,
podían deshacer ese extraño nudo que ha formado
con la mía.
Luego les sugerí
que tuviesen más cuidado con los hilos del destino
que andan enredándose de muy malas maneras.
Y así fue como casi pierdo la vida por tu culpa,
en medio de un sueño.
Y también fue así como me desenredé de ti.

Vamos a dejarnos ir anda,
vamos a dejarnos ir.

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