sábado, 5 de enero de 2013

Un sin fin de adioses

Te voy a dedicar un adiós muy corto, rápido, y ni una palabra más.
No quiero echarte de menos

Adiós pequeño ángel caído.

Pero antes has de saber;
que aunque el infierno sin ti va recuperando su calor
mis inviernos, no...
Que jamás había pasado tanto frío y
no quiero ni pensar en lo que será
la primavera.
Que para mi la esperanza se intuye
en el gris de los nubarrones,
cuando parece que la lluvia viene
tapando los claros de cielo,
que últimamente me dan tanto miedo...
Que invento monstruos
porque abandoné la razón,
(en aquella última esquina
junto a aquél último beso)
y estos ni siquiera se esconden debajo de la cama,
y todo el tiempo se parecen a ti.
Pero también debes saber
que sé
que algún día serás solo un remiendo a la altura del corazón,
una rodillera tapando los agujeros
que abren las caídas.
O una pequeña cicatriz de esas que se resienten
con los cambios de estación,
que perdieron la batalla al tiempo
y no lo entienden.
Y duelen, o intentan doler,
por llamar la atención de alguien
que ya no recuerda ni cuándo,
ni cómo, ni por qué o con qué
se hizo la herida
que dibujó esa cicatriz...
tan bonita.
¿Cómo me la haría?
Tal vez en una de todas esas veces
que caí de la cuerda,
cuando me daba por buscarte
en aquellos bucles de equilibrios,
hasta que de repente
me creía valiente
y miraba al otro extremo
donde tú ya nunca estabas esperando,
y así me convencía de que era hora
de dejarse caer.
Fotografíe mis partes favoritas de ti
para ese momento que tanto se repetía,
ese en el que estás cayendo
y toda la vida pasa por delante de tus ojos.
Las ordené guardándome las mejores para el final,
para dejar todos los días con buen sabor a ti.
Recordarlas ahora es casi igual de cruel
que verte regalando al mundo sonrisas,
y saber que no hay ninguna sincera para mi.
Eres una tortura lenta,
peor que aquella de la gota china;
mi corazón terminará desistiendo
por culpa del insomnio y la sed de ti,
como el de aquellos que la tuvieron que sufrir.
Quién iba a pensar que el agua podía ser tan destructiva.
Quién iba a imaginar que tú podías ser tan destructivo,
o que la falta de ti, lo sería aún más.
Esforzarse en resistir ya cansa.
Se me acabaron los mundos a los que escapar,
donde tus ojos dejaban de existir,
simplemente dijeron: ¡no hay más!
igual que las cuerdas sobre las que bailar
buscándote al otro lado.
Y digo bailar, sí, temeraria e imprudente siempre por ti,
buscando al fin y al cabo la caída como punto y final
a todos los días.
Se me acabaron también los caminos que engañar
para cambiar su rumbo
y hacer que lleven siempre a tu habitación.
Se me ha acabado eso de ir por el mundo
del revés
por ver si así en ver de irte, vuelves.
Se acabó porque nada sirve.
Debería olvidarte, sin embargo,
cada vez que lo intento,
vuelvo a memorizar mis partes favoritas de ti.
Y así sigo, aquí, como no me ves.
Escribiendo siempre de lo mismo y de ti,
porque eres el fantasma que más cuesta
olvidar.
Porque cuando todo lo demás se va de mi,
perece y se olvida en páginas blancas,
siempre que intento desvestir mi alma de ti,
un sin embargo me obliga a volver a leerte
y no termino nunca de abandonarte en tinta y papel.
Y no termino nunca,
no te termino nunca...

Ahora que ya lo sabes, te mando un adiós sin fin
o un sin fin de adioses.



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