lunes, 14 de enero de 2013

Para ti, drama


Mi guapo drama.

Esta mañana me he despertado acordándome de ti,
otra vez.
Porque he soñado contigo, otra vez.
Y creo que sabes muy bien lo que hacías.
O no. No sé si eres consciente de todo
lo que me haces en sueños, pero
ay, si lo fueses.
Voy cayendo en una espiral de contradicciones
de todo tipo y adicciones
a cualquier cosa que me recuerde a ti.
Un perfume, un color, un sabor;
un chute de libido.
Un día dormí contigo pensando que no te quería,
y cuando amanecí se me hizo eterno el rato
que tardaste en abrir los ojos y volver a mirarme.
En ese rato eterno me di cuenta de que así
es como lo haces.
Así es como consigues ser la otra mitad del universo,
y que millones de ojos quieran velar tu sueño.
Así, de esa manera, me enganché a ti.
Esta noche te buscaba en tu hueco de mi cama,
hueco que todavía no existe,
como ya supones,
no te encontré.
Llevo mucho tiempo intentando dejar de buscarte
para encontrarme a mi.
Y al final tal vez entienda, y pueda contarte,
que no pasa nada porque no te encuentre de nuevo
que ya fuimos una noche de verano
acostados sobre césped,
que soy yo la que te escribió su vida en be(r)so
por toda la piel
porque algo que era tan tuyo no podía ir
sobre papel.
Soy la que te regaló un corazón de piedra
pero latente y doliente
como último acto suicida
ante un amor tan intenso y adolescente.
Y cuando lo perdiste, supe vengarme.
Supe encontrar tus pesadillas en las hojas de té
donde otras te inventaban futuros, y acabar con ellas
para hacerte soñar unas nuevas,
que tuviesen que ver conmigo.
Soy la impaciente que no sabe esperarte
y te acosa en sueños.
Soy la que te escribe siempre jugando al escondite.
Soy la que se dejó tatuar el dibujo de tus incisivos,
colmillos y premolares
en la clavícula,
porque fue tan tuya que te guarda el derecho
a volver a morderla.
Soy la que se dejó robar el primer beso,
y naufragó tantas veces en los que vinieron después,
que no ha vuelto a encontrar puerto
donde probar un ron más exquisito
que al que sabía tu boca
aquellas noches de locura.
Soy la que te quiere todos los veranos,
y se olvida de ti en invierno.
La más destructiva de las morenas
con las que te has acostado.
Soy la que ahora mismo está deseando
perder la vida entre tus piernas,
pero aun así te recuerda,
que el tiempo sin ti es empotrar
a otros contra mis paredes
y que no debes olvidar que no te quiero.
Que no volveré a quererte,
hasta que tú ya no me quieras.
Siempre serás como esa canción tan vieja
que tanto me gusta;
un 'ni contigo ni sin ti'...

y el contigo que sea siempre cerca,
y el sin ti, que sea siempre echándote de menos.



sábado, 5 de enero de 2013

Un sin fin de adioses

Te voy a dedicar un adiós muy corto, rápido, y ni una palabra más.
No quiero echarte de menos

Adiós pequeño ángel caído.

Pero antes has de saber;
que aunque el infierno sin ti va recuperando su calor
mis inviernos, no...
Que jamás había pasado tanto frío y
no quiero ni pensar en lo que será
la primavera.
Que para mi la esperanza se intuye
en el gris de los nubarrones,
cuando parece que la lluvia viene
tapando los claros de cielo,
que últimamente me dan tanto miedo...
Que invento monstruos
porque abandoné la razón,
(en aquella última esquina
junto a aquél último beso)
y estos ni siquiera se esconden debajo de la cama,
y todo el tiempo se parecen a ti.
Pero también debes saber
que sé
que algún día serás solo un remiendo a la altura del corazón,
una rodillera tapando los agujeros
que abren las caídas.
O una pequeña cicatriz de esas que se resienten
con los cambios de estación,
que perdieron la batalla al tiempo
y no lo entienden.
Y duelen, o intentan doler,
por llamar la atención de alguien
que ya no recuerda ni cuándo,
ni cómo, ni por qué o con qué
se hizo la herida
que dibujó esa cicatriz...
tan bonita.
¿Cómo me la haría?
Tal vez en una de todas esas veces
que caí de la cuerda,
cuando me daba por buscarte
en aquellos bucles de equilibrios,
hasta que de repente
me creía valiente
y miraba al otro extremo
donde tú ya nunca estabas esperando,
y así me convencía de que era hora
de dejarse caer.
Fotografíe mis partes favoritas de ti
para ese momento que tanto se repetía,
ese en el que estás cayendo
y toda la vida pasa por delante de tus ojos.
Las ordené guardándome las mejores para el final,
para dejar todos los días con buen sabor a ti.
Recordarlas ahora es casi igual de cruel
que verte regalando al mundo sonrisas,
y saber que no hay ninguna sincera para mi.
Eres una tortura lenta,
peor que aquella de la gota china;
mi corazón terminará desistiendo
por culpa del insomnio y la sed de ti,
como el de aquellos que la tuvieron que sufrir.
Quién iba a pensar que el agua podía ser tan destructiva.
Quién iba a imaginar que tú podías ser tan destructivo,
o que la falta de ti, lo sería aún más.
Esforzarse en resistir ya cansa.
Se me acabaron los mundos a los que escapar,
donde tus ojos dejaban de existir,
simplemente dijeron: ¡no hay más!
igual que las cuerdas sobre las que bailar
buscándote al otro lado.
Y digo bailar, sí, temeraria e imprudente siempre por ti,
buscando al fin y al cabo la caída como punto y final
a todos los días.
Se me acabaron también los caminos que engañar
para cambiar su rumbo
y hacer que lleven siempre a tu habitación.
Se me ha acabado eso de ir por el mundo
del revés
por ver si así en ver de irte, vuelves.
Se acabó porque nada sirve.
Debería olvidarte, sin embargo,
cada vez que lo intento,
vuelvo a memorizar mis partes favoritas de ti.
Y así sigo, aquí, como no me ves.
Escribiendo siempre de lo mismo y de ti,
porque eres el fantasma que más cuesta
olvidar.
Porque cuando todo lo demás se va de mi,
perece y se olvida en páginas blancas,
siempre que intento desvestir mi alma de ti,
un sin embargo me obliga a volver a leerte
y no termino nunca de abandonarte en tinta y papel.
Y no termino nunca,
no te termino nunca...

Ahora que ya lo sabes, te mando un adiós sin fin
o un sin fin de adioses.



lunes, 17 de diciembre de 2012

Lo que es vivir de ti


Delicate - Damien Rice

A veces vivo de tu vida.

A veces vivo tantas veces de tu vida
que he llegado al punto de no recordar 
cómo se hacía para sobrevivir antes de ti. 
Has sido tanto tiempo oasis dentro de mi,
que cuando el calor delirante me confirmó que eras un espejismo,
la sed de ti me mató.
No te he tenido, jamás, tantas ganas
como cuando me dijiste adiós. 
También vivo de tus despedidas
porque son las últimas que me quedan.
Esas con sabor de hasta luego 
sin saber bien hasta cuando. 
Todas frente al tango
de tus rizos y este viento
que arrastra mis pasiones y los
mil adioses escondidos entre tus dedos.
Diría que esconden casi tantos como los que
caben en esta estación de autobús. 
Donde estar sin tener nadie a quien 
despedir
es lo más triste que le ha sucedido jamás
a mis labios.
Qué tortura.
Todo alrededor son besos.
Y ninguno lleva mi nombre, 
y ninguno sabe a ti.

Qué recuerdo tan capullo

el tuyo,
ni que buscase dibujarme infiernos
en la cama
cuando más fría la tengo,
cuando más pena me da la sábana 
tan blanca, tan pura
tan sola, tan perdida, tan desierta, 
tan sin tus pasiones y lascivias
tan virgen y lluviosa
tan sin tu tristeza,
con ese complejo de inmensidad vacía;
mi sábana.

Tan falta de tu cuerpo

respirando sobre el mío
en esas noches, las más oscuras,
en que se nos llenaba la habitación de olor a césped,
y yo te contaba aquello de que
cada invierno
te haría lo que nos hace el otoño cuando llega
pero con más calor 
y menos nostalgias 
(recuerda que el otoño todo
lo desviste) -.

No puedo decirte que la única manera

que tengo ya de escribirte
es desnuda. 
No te diré que con ropa 
se me esconden las palabras 
que hablan de ti
y me invade la duda. 
La duda de si tal vez ahora, 
en este mismo momento,
otras estén aprendiendo
que cerca de ti vale más no arriesgarse a llevar ropa.

Tampoco puedo contarte

que ya no creo en los cuentos para dormir
desde que tu voz se los llevó, de la mano,
susurrando despacito todos los finales,
y ninguno era feliz
Ahora el insomnio seca mis ojos,
no me deja parpadear
y sueño despierta con que vuelves
de madrugada
a decirme: 'que pequeña eres'
y me arropas
mientras yo me desmayo al notar 
tus labios de sueño besándome los parpados
como tantas veces te has desmayado tú
por exigir un poco de dulzura.

No puedo contarte que aunque teníamos un trato

siempre supe que no lo cumpliría.
Que aunque a veces viva de tus despedidas,
pronunciar un adiós relacionado contigo
me suena a disparo en la sien
y a nota de suicidio.

Y no puedo contarte

que te echo tanto de menos
que vivir de tu ausencia
cuando se ha vivido de tu vida
empieza a no ser suficiente. 
Empieza a ser imposible sobrevivir-te.

Que haces que la soledad

se defina universalmente
como la falta de ti,

y faltas,

faltas demasiado.
.

martes, 4 de diciembre de 2012

Pequeñeces que sé que no te importan

Las dudas me resbalan por la espalda,
escondiéndome las cosquillas de ti,
que guapo te pones cuando te olvidas de mi.

Con tu irresistible indiferencia;
solo se te puede definir trágicamente.

Seguir queriéndote es caerse de la cama.
Dicen, a veces,
que a base de golpes se aprenden las lecciones.
Yo no termino de entender qué intentan enseñarme
estos que me doy tropezando
cuando sueño contigo,
o qué pretende tu ausencia golpeándome
cuando pierdo mi tiempo pensando en ti,
o qué significa esta hostia
que me da la vida
cuando pasan los días
y todo me recuerda que ya no te tengo,
y que no volveré a tenerte.

El frío de pleno derecho llega con diciembre,
qué rojo se me pone el corazón en diciembre;
bombea ganas de pasar el invierno al desnudo
y despierta las sombras del ventrículo izquierdo,
que siempre ha sido
el que más te echa de menos.

Que fácil es exponerse a veces,
desvestirte de la piel, escribir,
dejar que todo el mundo te radiografíe
como si fuesen máquinas de rayos equis.
Y tú, tan miope... que no proteges
ni un poquito tu intimidad,
que tiendes las bragas en frente del vecino,
y te despreocupas,
perdida,
con esa mirada ausente tan tuya,
pensando solo en qué frágiles parecen esas cuerdas y
qué valientes son los funambulistas que
se dejan el vértigo a saber en qué lugar,
y caminan por encima de ellas,
obligándote a pensar que es porque al otro lado los espera el amor de su vida.

Al otro lado de la cuerda de nuestra historia
sigo esperándote yo
en camisa, sin botones y descalza
llegué hasta aquí dejándome el vértigo en ti
en nuestro último beso...
no vienes, y quiero ir a buscarte
pero perdí el equilibrio en todos
los botones que me arranqué como incentivo
a ver si así llegabas.
A ver si desnuda te imantaba.

Y no. No vienes, ni viniste, ni vendrás.
Así que recojo los botones
y me dispongo a huir,
pero las tontas como yo huimos en círculos.
Que estúpida, que no me doy cuenta
de que
huir de ti
no podrá jamás depender de mi.

Y que pequeña me quedo cuando te confieso,
de estas mil maneras distintas,
que sigo pensándote,
que sigues teniendo libre acceso a lo más profundo de mi.

Cómo es posible
que todas las letras susurren tu nombre,
cómo es posible encontrarte en los detalles de la gente,
en ciertas miradas,
en algunas de las sonrisas más bonitas de la calle
o en los 'buenos días' y el 'gracias' del violinista del metro
cuando le regalo lo poco que me queda en la cartera.
Cómo es posible
que todas las historias se refieran a mi sin ti,
y nunca a ti sin mi...
será que el drama vende;
vende penas como las mías.

No hace mucho me soñé intentando vender
mi alma a las Parcas.
Quería saber si ellas tienen acceso al hilo de tu vida
por si, tal vez,
podían deshacer ese extraño nudo que ha formado
con la mía.
Luego les sugerí
que tuviesen más cuidado con los hilos del destino
que andan enredándose de muy malas maneras.
Y así fue como casi pierdo la vida por tu culpa,
en medio de un sueño.
Y también fue así como me desenredé de ti.

Vamos a dejarnos ir anda,
vamos a dejarnos ir.

viernes, 9 de noviembre de 2012

La rubia sabe de espaldas y más

Llueve, y siempre me pilla sin paraguas,
como tú.
Eres un poco lluvia,
y calas de dentro a afuera
y viceversa. O no.
Ya se me ha olvidado como era.
El caso es que te pareces.
Y creo que es por eso
que imagino un erotismo inherente en los días de lluvia.
Y tal vez sea por eso
que ya me es imposible llegar calada a cualquier lugar
sin recordar el sabor a ti u olerte entre mi pelo,
y sin pensar en tu cama.
Qué de motivos tengo para darte y que termines en la mía.
Qué de razones bien argumentadas,
que tratan desde el frío de mis sábanas,
las nostalgias de mis dedos, las sequías de mis labios,
el insomnio de mis sueños, o las tribulaciones de mi ombligo;
hasta que tengo entumecidas las piernas de esperarte,
y se han vuelto extremadamente torpes,
pero siguen sin dejarme tropezarte.
Como si fueras una piedra que todo el mundo se empeña en quitar de mi camino,
y yo, testaruda, no quisiera otra cosa que tropezar contigo.
Siempre vuelves en otoño,
con esos ojos de nube cargados de tormentas,
buscando las pasiones de mi infierno de los lunes y otras eles,
como analgésico contra tus noches de invierno.
Y te marchas con la primavera,
a disfrutar, en otros cielos u otros mundos,
de los días claros...
Y yo, tan ansiolítica y sedentaria
no me muevo del lugar donde me prometías
al menos un beso más para mañana
-y ya veremos como acaba o si acaba-.
Con la de tiempo que hace que
se perdieron los mañanas,
los después y los hasta luego.
Con la de tiempo que hace que olvidé
cómo me sentaban tus besos
y aquello de que desde dentro me hacían la revolución.
Todo esto me marea.
Sé que algún día te daré la espalda, amor,
lo que no sé
es si será para huir de ti rápido y lejos
o para esperarte de otra manera y con alguna otra intención.




miércoles, 7 de noviembre de 2012

Febril

I only wanted you to know that I never wanted you to go.

Era tan grande la ausencia que no me quedaba más que inventarme fantasmas.
Un par de personalidades para ti, una pasión disfrazada de melancolía para mi...
Me he convertido en la chica más guapa de mi cama esta noche, y te lo has perdido.
Soñé contigo justo antes de rendirme.
Estaba consiguiendo olvidarte justo cuando decidiste amagar con volver...y otras tantas casualidades que casi consiguen romperme, otra vez. Pero en eso consiste esto ¿no? en quebrarse, fracasar intentando huir de ti a través de escribirte o resumirte en palabras tan banales que jamás ponen fin a tu historia.
Liberarse soltándolo todo (soltándotelo todo) tampoco es que funcione tan bien.
Para escribir el mejor lugar donde buscar es un amor hiriente, pero no puedo regocijarme tanto en ti, con lo que dueles.
Para que no vuelvas, pensé, lo mejor es asustarte con obsesiones.
Otro error.
Si no es que vuelvas, es que nunca te vas. Y eso de no irse sin haber estado jamás es la mayor contradicción con la que he intentado definirte.
Si voy por la calle y en el instante en que me giro estás justo a mi derecha, los vuelcos de este corazón no son humanamente soportables.
Entonces calculo el nivel de nostalgia según el temblor de mis piernas, el resultado es alto, y ese pulso que tanto tiempo te ha pertenecido se dispara y da en el blanco, justo en medio de la diana con un dardo por cada latido o martillazo, como si todo el corazón se volviese en contra de mi pecho e intentara atravesarlo.
Pierdo el equilibrio y me siento al borde de ese acueducto tan alto que tantas veces nos ha visto esperar, y otras tantas esperarnos.
Y perder el equilibrio tan cerca de ti es exponerme sin escudo, es como gritar al abismo que quiero caer a toda velocidad si tú estás abajo, sin pensar que me romperé al llegar, que el golpe será mortal y que tú no harás siquiera el amago de echarme una mano para salvarme.
No te tengo miedo, te tengo vértigo. Se te ve tan pequeño, allí tan lejos. Se te ve tan nostálgico, tan inundado por este otoño frío y lluvioso. Y tan pequeño en realidad, y tan increíblemente lejos.
He intentado contarte de mil maneras que te estoy echando de menos, y que todavía no termino de entenderlo, porque no duraste tanto, y si el tiempo hiciese bien su trabajo ya debería haberme dejado olvidarte. Sin embargo, no puedo ni conjugarte en pretérito. Y a veces me da la impresión de que sigo esperando sin atreverme a reconocer que sigo esperándote.

Pero de lo que más miedo tengo, es de que resultes ser una pasión para toda la vida.


 "La única diferencia entre un capricho y una pasión para toda la vida es que el capricho dura un poco más"
Oscar Wilde

jueves, 1 de noviembre de 2012

Tragedia cósmica

 Me moriré de ganas

Luce un lunar en el muslo derecho.

Una firma, una impronta, tan íntimamente escondida como un beso importante,
brillante en todo su marrón, luminoso y ardiente. Un beso de luz que quemó.
Como esos que todavía guardo entre las grietas secas de mis labios.
Secas de ti, que ya no llueves.
Y así ando sobreviviendo-te. 
Ya espero más convertirme en polvo lunar que volver a verte.
Lo agradezco, a veces.
Creo que la labor destructiva que quisimos llevar a cabo entre beso y espalda ya cumplió su función hace tiempo.
Derrumbamos ciudades y vimos como nos caían las ganas a los pies, tan solo unos segundos por detrás de la ropa.
Perdimos la ilusión casi a la vez, en medio de la encarnizada, entre revolcón y abrazo,
pero yo, sin saber si quererte o no, decidí no poder dejar de tenerte.
Querer acercarme más y más me derritió las alas,
Ícaro jamás soñó tener tantas ganas al sol como te las tuve yo a ti.
No supe hacerlo de otra manera, solo quería tenerte cerca, muy cerca.
Seguro que sabrás perdonarme la insistencia.
Dentro de mi se mataban a palos la necesidad de olvidarte, y el apetito de ti.
Todo guerra, muerte y destrucción. Lucha, pasión y sueño, todo, por ti.
Al final tú fuiste el único que se salvó, y sí, hablo de salvarse, de huir y de todo eso que yo no puedo hacer porque quiero seguir teniéndote aquí. Quiero que vuelvas.
Aunque vuelvas a destruirme, aunque nunca vuelvas para quedarte, no tengo defensas contra ti,  pero te quiero aquí, ahora y siempre. Hasta cuando juro y perjuro que no te echo de menos, hasta cuando no te pienso, te deseo.
Saber esto está apagando un poquito mi luz,
me convierto toda yo en un susurro tenue, en los restos de una tragedia cósmica.
Antes me llovían las nubes y las estrellas, de noche y madrugada, más tarde casi a todas horas.
Lluvia, astros apagándose y nostalgia inundándome entera, reduciéndome al silbido silencioso de esa famosa calma que sobreviene a la tormenta.
Cómo avivábamos la tormenta tu y yo.
Y la lluvia fugaz.
Qué eléctricos eran nuestros roces.  
Si haces memoria te darás cuenta de que estoy en todos los momentos en los que te llueve.
Si haces memoria...