jueves, 1 de noviembre de 2012

Tragedia cósmica

 Me moriré de ganas

Luce un lunar en el muslo derecho.

Una firma, una impronta, tan íntimamente escondida como un beso importante,
brillante en todo su marrón, luminoso y ardiente. Un beso de luz que quemó.
Como esos que todavía guardo entre las grietas secas de mis labios.
Secas de ti, que ya no llueves.
Y así ando sobreviviendo-te. 
Ya espero más convertirme en polvo lunar que volver a verte.
Lo agradezco, a veces.
Creo que la labor destructiva que quisimos llevar a cabo entre beso y espalda ya cumplió su función hace tiempo.
Derrumbamos ciudades y vimos como nos caían las ganas a los pies, tan solo unos segundos por detrás de la ropa.
Perdimos la ilusión casi a la vez, en medio de la encarnizada, entre revolcón y abrazo,
pero yo, sin saber si quererte o no, decidí no poder dejar de tenerte.
Querer acercarme más y más me derritió las alas,
Ícaro jamás soñó tener tantas ganas al sol como te las tuve yo a ti.
No supe hacerlo de otra manera, solo quería tenerte cerca, muy cerca.
Seguro que sabrás perdonarme la insistencia.
Dentro de mi se mataban a palos la necesidad de olvidarte, y el apetito de ti.
Todo guerra, muerte y destrucción. Lucha, pasión y sueño, todo, por ti.
Al final tú fuiste el único que se salvó, y sí, hablo de salvarse, de huir y de todo eso que yo no puedo hacer porque quiero seguir teniéndote aquí. Quiero que vuelvas.
Aunque vuelvas a destruirme, aunque nunca vuelvas para quedarte, no tengo defensas contra ti,  pero te quiero aquí, ahora y siempre. Hasta cuando juro y perjuro que no te echo de menos, hasta cuando no te pienso, te deseo.
Saber esto está apagando un poquito mi luz,
me convierto toda yo en un susurro tenue, en los restos de una tragedia cósmica.
Antes me llovían las nubes y las estrellas, de noche y madrugada, más tarde casi a todas horas.
Lluvia, astros apagándose y nostalgia inundándome entera, reduciéndome al silbido silencioso de esa famosa calma que sobreviene a la tormenta.
Cómo avivábamos la tormenta tu y yo.
Y la lluvia fugaz.
Qué eléctricos eran nuestros roces.  
Si haces memoria te darás cuenta de que estoy en todos los momentos en los que te llueve.
Si haces memoria...


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