viernes, 12 de octubre de 2012

Sin amor, darlin'

A tú salud

Debería haberte arrancado la vida la última noche que nos vimos.
Debería haberme llevado ese cachito de ti que todavía me pertenecía,
y dejarte incompleto para siempre.
Así, como yo.
Sin embargo, tú solito la dejaste morir,
la única parte de ti que yo todavía salvaba.
No hubo entierro, ni final bonito o merecido,
nadie rasgó las cuerdas de un triste violín.
Lo único rasgado fui yo, lo único triste fui yo,
desde la punta del pie,
a los labios rojos de carmín.

Me creí tantas mentiras de doble filo
que cada vez que las recuerdo todavía hoy me acuchillan.
Después de todas esas paradas cardíacas,
tras todos esos suspiros perdidos,
y tú resultaste estar tan vacío.
'Con lo perfecta que es ella' te dije un día que volvías.
La escogiste y te salvaste,
y gracias a eso descubrí
que yo necesito más que un cobarde con prisa
que puede decidir a quién querer.

Una vez soñé que lo conseguías guardando
el corazón en la nevera.
Recubriéndolo de escarcha que helaba las pasiones
y las mantenía apartadas.
Puntos calientes huyendo del frío de esa mirada
de océano antártico. Tan congelado y vacío.
Tan azul y oscuro. Tan helado.

Toma, bebe, y cuéntame, recuérdame,
cómo hiciste con el mío,
ese que todo el mundo decía
que era de piedra,
y que resultó estar hecho del material más endeble.
Ese que huyó después de ti
dejando en su hueco las brasas
de un incendio mal apagado,
de pasiones mal consumidas,
y ese fantasma que acompañaba mis paseos
con un tintineo de cristal roto.

Cuéntame, ¿sabes que así fue?
así fue como quedé convertida en un susurro.
Así, a tú salud y a la de tu amante.

Y yo que solía olvidar ese dolor
tan rápido como los puntos de inflexión
de todas nuestras discusiones, como
las angustias de todos tus desaires,
como las ausencias que dejaron tus mentiras,
como las nostalgias que vinieron después.
Y yo que me creía ya curada
de esa mirada atlántica, de
ese misterio de chico raro y complicado;
y de toda tu historia.
Cuánto daño hiciste, y cuánto tiempo duras.
Acábate, que no me queda vino que apacigüe
las ganas de ti, y el dolor de ti.
Acábate, que no me queda fuerza
para luchar contra tus momentos,
contra tus detalles,
contra tus detalles feos.
Acábate, que yo me acabo.

Acabo consumiéndome entre cigarros,
(no sé si fumando sin saber como fumar)
y sin embargo me quedo sin humo donde ahogarme.
A tú salud y a la de tu amante.

Por favor, acábate, que quiero salir
de esta ruleta rusa, de esta espiral de inquietudes,
acábate, que quiero acabar de olvidarte.
Que quiero dejar de buscarte
en todas las letras de mi vida,
a la vuelta de todas las esquinas
o cada vez que me llueve.

No puedo decir que sea triste
que ya solo te recuerde con algo de cariño
los días en que me llueve,
por aquellos besos que fueron los únicos
con algo de verdad, algo bonitos y
tan mojados y tan llovidos.
Lo único que me queda, que me sobrevive,
lo único que no me estropeaste.
Brindo por eso, por ti y por tu amante.

Sin amor, darling.

viernes, 5 de octubre de 2012

Conspiraciones

Recuerdo, contra mi voluntad.

Llega Octubre y sus nostalgias,
a los ojos que esconden girasoles,
y escogen qué soles seguirán con la mirada.

Llega otoño y sus marrones,
trae predisposiciones al drama
y un baúl de recuerdos entreabierto
del que luchan por escapar antiguos días naranjas
condenados a un olvido premeditado,
estudiado con alevosía,
para convencer al corazón de estar enfermo
de amnesia selectiva,
contra todos tus detalles.

Y sin embargo,
qué crimen tan imperfecto.

Esta noche te quiero en mi cama
y mi corazón tiene uno de sus fuertes ataques de lucidez.
Hoy se acuerda de todo,
se acuerda de todo muy bien,
y ya no hay remedio.
No puedo hacer más que
llamarte, esperarte, desearte
en mi cama,
recordando aquella vez.
Reviviendo aquella vez.
Ay, aquella vez.
Ojalá, tú ya en mi cama, tan rápido como el otoño.




domingo, 26 de agosto de 2012

Secuestros y otros anhelos

Te escribo reincidiendo en helado de limón con chocolate. Mezclando sabores tan distintos como lo son tus labios y los míos. Ven a por mí, fuguémonos, llévame a un verano donde sea viernes y ocho, a alguna isla perdida, o a donde quiera que huyan los no-enamorados a hacer el amor. Corramos por una de esas playas vacías que te inventas las tardes de domingo en el sofá, quedémonos a dormir, a poder ser cerquita del cantábrico, para que tengamos que fundirnos contra el frío contándonos historias calientes, que pasaron, o no. Haz que nos canten nanas las olas, en ese estado de duermevela en el que aparecen los sueños más reales, cuándo más brilla la luna, cuándo más guapa nos mira.
Bailemos en la arena y conseguiré que te pierdas en el laberinto de calcamonias que tengo por todo el cuerpo, obligándote a abrir camino a besos. Firmame las piernas con huellas dáctilares de colores e intenta robarme ese corazón de piedra al cuello que mi pelo se empeña en esconder de ti. Planeemos una fuga, un secuestro, una aventura, en lo que dura una canción, y seamos capaces de llevarnos bien mientras sobrevivimos al ritmo del tiempo que se detiene cada vez que nos caemos juntos al suelo, tronando a cada paso que damos, para asustarnos todavía más si cabe frente al camino. Haz que este corazón desplegable, el del pecho, vuelva a ser tuyo y te regalo mi mundo. Y te regalo todos mis mundos. Porque en todos ellos sueño contigo y ya no te odio tanto. Y ya no te olvido tanto. Cada vez menos. Curame de espantos y corduras, como has hecho siempre.
Vamos a lanzarnos a ese vacío del que todo el mundo habla, para evitar que un fatídico día nos encontremos el corazón tirado y arrugado en una esquina, porque jamás nos atrevimos a usarlo.

sábado, 16 de junio de 2012

Ojos de luz

A veces llega la hora de contar cuentos, y como hemos perdido tanto tiempo nos saltamos el 'erase una vez'. Cosa que no se debe hacer, si la historia empieza de golpe es que será un golpe. Duro, preciso, directo, fuerte, certero. La chica empieza a notar una especial fascinación por los precipicios y todo tipo de vértigos. Así como por otros sabores amargos, agrios y picantes. Casi se nota destructiva para cualquiera que cometa el error de estar demasiado cerca. Tal vez solo esté deseando serlo.
La destrucción tiene algo de atracción irresistible, es guapa. Fascina, es bella. Como ella, que solo tiene que mirar para hacer caer esas torres que todo el mundo dice que fueron más altas y también cayeron. A veces incluso se siente culpable, ha caído tanto a sus pies...
Ha huido tantas veces de la realidad, que en ella se concentran todos los cuentos e historias que se han podido imaginar. Es una princesa en potencia. La hilvanaron, pero se olvidaron de coserla. Y por eso, al estar a medias, no hay príncipes que la salven. Sin embargo, todos los monstruos y villanos de sus pesadillas se han puesto de acuerdo para visitarla en reuniones nocturnas de lo más rocambolescas, y en las que es la más deseada y temida de las flores. Ha perdido la primavera, y los oscuros días de Noviembre la envuelven en un aura de fatalismo, de perdición, de drogadicción, dramadicción, y vicio de poesía. Escribe para olvidar sobre la vida, con los monstruos debajo de la cama, llena las sábanas de palabras suicidas. Siente que la acechan en cada esquina nuevos amores amedrentadores que aspiran a convertirse en nuevos monstruos. Solo los cuentos la salvan. En el rato de un cuento todo está bien. Parece que la sal de esos ojos de mar se ha deshecho y ya no escuece tanto. Las heridas del corazón sanan por inercia. Los rotos se van uniendo, aunque todavía queda algún descosido que ya no se nota. Los precipicios se caen en si mismos o se cierran. Los recodos vacíos se llenan. Y todo está bien. Pero no hay nada más aterrador que la oscuridad después de un cuento. Por eso le mira tanto la luna. Es una muñeca de trapo con la que nadie quiere pasar la noche, constantemente vigilada por esos ojos de luz.

viernes, 8 de junio de 2012

Verano azul

El siglo pasado tuve entre mis brazos un bebé azul, sonriente y mofletudo. Debimos escaparnos al país de Nunca Jamás. A vivir aventuras azules, todos los veranos azules tardíos por culpa de primaveras celestes, para seguir tan azules como esa silla, como sus ojos. Tan redondos como sus mofletes a media carcajada o gorgorito. Y tan pequeños como sus manitas agarrando las mías.

de pequeños y guapos
todos los días eran naranjas.

domingo, 27 de mayo de 2012

Tyler Durden se enamoró de mi

Qué mejor momento para enamorarse que viendo como una ciudad entera se derrumba. Qué mejor momento con el que soñar. Qué mejor momento que dos segundos después de suicidarte y seguir vivo. Qué mejor momento para darle a alguien la mano que ese en el que los dos morimos de amor y miedo viendo caer edificios que se empeñaron en hacer cosquillas al cielo, y lo pagaron.
Cómo debe de ser encontrarte de repente asustado, en medio de una pasión capaz de provocar maremotos, incendios, terremotos, tsunamis, huracanes, despertar volcanes, tormentas eléctricas y llevar a cabo todo tipo de destrucciones románticas, como reacción a un pequeño roce.
O simplemente, capaz de hacer llevaderos los domingos.
Lo nuestro jamás fue una entrega kamikaze. Ni siquiera se acercaba al placer de imaginar todo esto. Nunca fue un riesgo memorable, nunca fue algo inolvidable.
No me conociste en un momento extraño de mi vida. No me conociste. No fuimos fuegos artificiales. No fuimos nada. No me rompiste en condiciones. Solo rasgaste. Lo que tal vez, fue peor. Romperme a medias, que poca decencia la tuya.
Me costó descubrirlo y entenderlo, primero tuvieron que perder fuerza las mareas que me revolvían, luego tuve que convencerme de que merecía huracanas que me revolviesen mejor. Desterré de mis sábanas tu feo invierno y el calor volvió a acostarse conmigo. Entonces descubrí que ya no echaba de menos nada, ni siquiera tu dedo en mi ombligo. Entonces descubrí que al fin era libre y me asusté, y quise huir. Pero huir a buscar un huracán, una prisión, un refugio, un escalofrío.
Pues "libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien". Cernuda lo sabía, y yo también. Buscar una razón para existir, que salvándome de pozos y vacíos de sombras me regale algún drama o tal vez un desayuno en la cama. Quizá más. Una obsesión enfermiza que me haga sentir viva. Quiero volver a dormir. La noche viene a por mi todos los días con sueños dulces que solo me apetece saltar, invento pesadillas por miedo a las cosas bonitas que quiero soñar. Como cuando veía helados de luz en cucuruchos de constelaciones, cuando la luna me sonreía a través de la ventana en una de esas noches tan tranquilas, y se enamoraba de mi, y me mandaba besos y cumplía mis deseos y dominaba las mareas. La luna estaba de mi parte, y no había nada más grande. Pero ese tiempo ya pasó. Ahora tengo otros planes.
Tropezar con sonrisas que me rompan el corazón y jamás me planteé esquivar, debe ser la misión primordial del resto de mis paseos. Romper a llorar de verdad por vez primera en 20 años cuando alguien me haga pensar en días futuros y luego los pise, será un bonito reto. Jugar, arriesgar y perder, y no volver a recuperarme. Enamorarse debe ser una gran aventura. Escapar de este 'país de nunca jamás' que he construido con un par de almohadas vacías. Aquellas que en su día usé como escondite de cincuenta alientos y tres gemidos que se ahogaron conmigo. Volver a precipitarme al placer de la adrenalina de quedar atrapada entre esos brazos que abrazan. Esos brazos que te llevan al borde del precipicio y te sostienen ahí, extasiada, viéndote morir al mínimo vacile, en medio de ese vértigo que es gusto y terror a la vez, atrapada en la más sublime de las sensaciones. Viviendo un amor suicida, una pasión tan peligrosa como atractiva, y destructiva.
Tal vez tenga que darle la vuelta a mi vida para que existas. O tal vez le dé la vuelta al mundo entero para que viva conmigo nuestra trágica historia. ¿Habrá más giros de esos que da el estómago y que lo cambian todo? Los dos sabemos que sí. Sabemos que estás esperando detrás de mis esquinas favoritas y te has enamorado de como me rasco la nariz. Cuando aparezcas podré decir que una noche hice el amor con Tyler Durden y vi derrumbarse una ciudad. Que luego él se convirtió en un hombre normal y aunque quedé destruida, por fin hubo un momento en que estuve viva.

http://www.youtube.com/watch?v=xBJ02B6TTcg

sábado, 5 de mayo de 2012

Si te vas, no vuelvas... es así de fácil

No te atrevas a aparecerte, porque ya no descolocas como antes.
Se me han despegado las cicatrices igual que los tatuajes que me pegaba con saliva a la piel cuando era niña, tú  ya no eres ni restos de adn. ¿Si te froto como a ellos, también desapareces?
No existe el olvido, y tal vez sigan ardiendo tus cenizas, pero no dejarás de ser un Nadie. Sales de mi vida tan rápido como entraste. Pierdes importancia, pierdes fuerza, pierdes golpe así como lo ganaste, en un beso, en una sonrisa de colmillos sin mordisco.
Y de repente apareces, y yo llevo las gafas, y ni siquiera la miopía me salva, perdido ese refugio, obligada a ver, me descoloco. Llévate tus mares joder, que yo me voy a naufragar con un Crusoe, y no queremos las huellas de tus olas en nuestros días. ¿Me vas a obligar a hablar con la luna para que se lleve las mareas de tus ojos? Y quién coño las puso ahí...
Desde luego, alguien me tiene que salvar de tus noches, y de la resaca de todo lo que pudo ser nuestro. Si a ti te han rescatado, si a ti te siguen queriendo, si a ti te besan incluso con amor ¿por qué vas a tener más suerte que yo? ¿Acaso te lo mereces más que yo?
Eres tan solo un tachón en mi poema, un error ortográfico que no volveré a cometer, un verso que ya no me gusta, o una palabra demasiado redicha que ya no queda bién, que no encaja, que afea la armonía de todo lo que escribo. Que me hunde. Conviertes en mediocre todo sentimiento evocado cuando te pienso. Y tengo que huir más de prisa de tu recuerdo o me estancaré. He cogido miedo a las esquinas, a las calles y a esperar donde lo hace todo el mundo. No quiero esperar más rodeada de nadies. Quiero que vuelvan los días naranjas, y que desaparezcas con las nubes y las gotas de agua.
Dice el hombre del tiempo que todo pasará este Miércoles.
Este Miércoles te vas.
Este Miércoles otra vez calor, Madrid, helado y poemas.