sábado, 5 de mayo de 2012

Si te vas, no vuelvas... es así de fácil

No te atrevas a aparecerte, porque ya no descolocas como antes.
Se me han despegado las cicatrices igual que los tatuajes que me pegaba con saliva a la piel cuando era niña, tú  ya no eres ni restos de adn. ¿Si te froto como a ellos, también desapareces?
No existe el olvido, y tal vez sigan ardiendo tus cenizas, pero no dejarás de ser un Nadie. Sales de mi vida tan rápido como entraste. Pierdes importancia, pierdes fuerza, pierdes golpe así como lo ganaste, en un beso, en una sonrisa de colmillos sin mordisco.
Y de repente apareces, y yo llevo las gafas, y ni siquiera la miopía me salva, perdido ese refugio, obligada a ver, me descoloco. Llévate tus mares joder, que yo me voy a naufragar con un Crusoe, y no queremos las huellas de tus olas en nuestros días. ¿Me vas a obligar a hablar con la luna para que se lleve las mareas de tus ojos? Y quién coño las puso ahí...
Desde luego, alguien me tiene que salvar de tus noches, y de la resaca de todo lo que pudo ser nuestro. Si a ti te han rescatado, si a ti te siguen queriendo, si a ti te besan incluso con amor ¿por qué vas a tener más suerte que yo? ¿Acaso te lo mereces más que yo?
Eres tan solo un tachón en mi poema, un error ortográfico que no volveré a cometer, un verso que ya no me gusta, o una palabra demasiado redicha que ya no queda bién, que no encaja, que afea la armonía de todo lo que escribo. Que me hunde. Conviertes en mediocre todo sentimiento evocado cuando te pienso. Y tengo que huir más de prisa de tu recuerdo o me estancaré. He cogido miedo a las esquinas, a las calles y a esperar donde lo hace todo el mundo. No quiero esperar más rodeada de nadies. Quiero que vuelvan los días naranjas, y que desaparezcas con las nubes y las gotas de agua.
Dice el hombre del tiempo que todo pasará este Miércoles.
Este Miércoles te vas.
Este Miércoles otra vez calor, Madrid, helado y poemas.

martes, 24 de abril de 2012

Optimismos... o no

La misión del corazón optimista: llegar a la conclusión menos dolorosa.
Podría ser peor, podríamos haber sido felices juntos.
Termina siendo un alivio no haber conocido la felicidad de verdad en lo que al roce de un beso se refiere. Aunque sea inevitable que quede esa roedora sensación de: "tal vez... algún día..." Dicen que se llama esperanza, pero qué esperamos ya a estas alturas, de esa cosa que va dejando rastro de corazones rotos y ya nadie encuentra ánimo de definir. Y sin embargo... sigues esperando. ¿Por qué?
Porque todavía no te ha dicho nadie que te envidian las estrellas, y puede no ser verdad, pero sabes que si solo alguien pensase que iluminas tanto... ese sería, y ante él te verías con el corazón en los labios y el alma en las manos sujeta con pinzas luchando por escapar imantada hacía sus brazos. Para entregarse, como siempre, tan rápido...
Porque nunca te han preguntado si has probado a soplarle a la luna, ni te han enseñado a pedirle deseos enviándolos en un suspiro.
Porque nunca te han dicho lo guapa que estás cuando te equivocas, cuando te enfadas, y cuando te das cuenta. Porque nadie ha sabido encontrarte las cuatro curvas que dibujan tus labios en secreto para esconder misteriosos besos en las comisuras. Porque nadie sabe que solo esperas a un Peter Pan que no quiera crecer y te regale dedales. Porque al fin y al cabo todas las historias han sido iguales, y tienes cicatrices que todavía arden. Es esa obsesión por encontrar algo distinto. Son esas ganas de querer, sin embargo y a pesar de todo.

lunes, 2 de abril de 2012

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Sí. Que yo pensaba que no, pero sí. Hay amores de tres. Amores con forma, triángulos isósceles que se van cerrando y siempre suprimen un punto para que termine quedando una línea de dos. El punto suprimido es el afortunado. Aquél que consigue escapar del triangulo maldito de las Bermudas, y que, por lo tanto, merece un amor de verdad.
Algún día escribiré tomos a tus desaires y haré estudios acerca de los cambios de personalidad que sufren ciertas almas cuando pierden el rastro de sus pupilas y la huella de unos dedos que acariciaron y querían.
"Una sola mujer y un millón de maneras de perderla." Dice Benjamín el azul.
Pateando la misma piedra. Por gusto, por afición. Por costumbre, como vivir. Sin remordimientos ni monstruos, es tan solo el sueño del amor.
Morfeo se lleva esas historias para contárselas a los niños por las noches, nos los roba y a cambio nos lleva a volar solo para ver suicidarse a las estrellas.
Para ver como se apagan cada vez que un cumpleañero sopla las velas expulsando lejos sus deseos y babeando tartas. Para demostrarnos que todas las historias mueren, que a veces no queda ni el recuerdo de aquellas primeras horas que fueron las mejores. Nadie busca vengar una historia que acabó destrozando los puntos suspensivos a puñaladas, nadie busca venganza de alguien que dejó de existir.
He muerto para ti.
No puedo evitar que queden recuerdos de algo que ya parece una imagen difusa, una foto borrosa que no nos hace inmortales. Pero puedo no existir para ti, porque tu no eres mi razón ni tengo razones para seguir pensandote. Y he muerto. He muerto en el sentido más bello de morir, en el sentido más libre de morir, en el sentido de olvidar, reír y volar... muy lejos. A vivir entre detalles de un mundo que no podemos perdernos, como el hecho de que la mejor manera de apreciar el arco iris es mojarse y bailar y que llueva; que exista la aurora boreal; que en Noruega haya noches que duran una hora; que el mar puede ser dulce y el sol con abrazos no quema.

jueves, 8 de marzo de 2012

Faltan carruajes y caballos


Nadie dijo que sería fácil, eso de coger toda la negrura de las venas y vomitarla en un papel con manchas de café, parecía muy poético y evasivo. Hacer antologías de un hoyuelo, escribir ensayos sobre infinitas sonrisas en un solo rostro o preguntarse cuántos besos se está dando la gente en un saludo torpe de esos, tan nuestros. Parecía muy romántico. Obsesionarse con pequeños detalles, crear un complejo de Amelie y buscar cafeterías pequeñas en rincones de Madrid para servir solo o cortado un quitasueños a un escritor frustrado. Solo por el placer de verlo mover un boli bic sobre un cuaderno cuadriculado. Que escribe cosas como: "¿En que fatídico momento dejó de entenderse el romanticismo como un proceso con final suicida? ¿En que momento se convirtió en un pastel de merengue empalagoso? " Y frases que tal vez algún día te atrevas a escribir en una pared.
Imágenes de un mundo paralelo que no existe. Un mundo escondido en pompas de jabón llenas de arco iris, en el que, si intentas entrar, todo explota.
No sé amor, no entiendo el desastre en que se ha convertido esto desde que todavía no existes. Ven y explícame tú si entiendes y cómo haces para volar tan alto sin cuerda y sin gas, sin helio y sin alas. O donde las escondes. Y quien te sopla si eres diente de león o pompa de jabón. Dime si es un vaquero sacado de una peli del oeste y si me lo encontraré un miércoles en el templo de Debod haciendo saltar alto a pequeños y grandes, sonriendo a cámaras que tiemblan entre dedos inexpertos y siempre a contraluz. Dime si te encontraré en el deseo de unos ojos azules con trenzas rubias que deshojan margaritas anticipándose a la primavera. Dime si estarás jugando al escondite en forma de carcajada infantil o si eres una de esas personas que salen a correr a los parques y a las que tanto envidio. Dime si tengo que esperar o consultar bolas de cristal para encontrarte. Dime si vas a aparecer pronto o aparece, que tengo mil propuestas que hacerte.

" Te propongo construir un nuevo canal, sin exclusas ni excusas, que comunique tu mirada atlántica con mi natural pacifico"

sábado, 3 de marzo de 2012

Te busco porque eres oasis.

Y tú te dejas encontrar.
Nos volvemos juntos a otro verano que ya no sabemos si es recuerdo o sueño.
Donde te mandaba deseos de 15 céntimos: "Quiero que me dediques un rato, que me abraces y me beses hasta que se me fundan tus manos en la piel o se me sequen los labios. Quiero una noche de esas en que amanece y no nos damos cuenta"
Una noche de esas en que el sol se cuela por el resquicio de una ventana cerrada, y nosotros nos revolvemos sobre colchones polvorientos y nos abrazamos contra la luz.
Eres oasis, y por eso calmas, la sed y el hambre y las ganas. Pero no duras, no eres esa clase de oasis, y te vuelves espejismo si parpadeo. Te busco, intentando escapar, porque como dice mi oasis sempiterno: "Huir significa ir a buscarte" y con estás palabras de pan tan nostálgicas que le cambio por vigilar sus siestas o  paseos, risas y caricias en la rodilla, me responde mil preguntas y me define por qué huyo, escapo, corro, desaparezco, vuelvo, y busco. Y te busco. A ti de momento, cómo buen espejismo que te empeñaste en ser cada vez que yo cerraba los ojos para pensarte, y tú creías que no te soñaba; a la razón de mi existencia a largo plazo, pero todavía tengo que huir de mucho más para eso.
Eres mi historia perenne con sabor a verano, primavera e invierno, y el olor a otoño que has dejado en mis labios al final.
Y sabes bien, y no dueles, como las espinas que vinieron después.
A veces pienso que después de ti nunca debió haber otros ojos. El color de la coca-cola es mucho más acolchado que el del mar. Nunca nadie debería fijarse en los ojos que hacen naufragar. Y menos si tienen dos islas desiertas en las que perderte. Y menos si esos mares se convierten en masas de olas enfurecidas un día de repente y te expulsan de sus pupilas, con todo lo que tú amabas, con todo lo que tú querías, con nada de lo que tú buscabas y todo de lo que huías. Pero hay cierto gozo morboso en ese pesar para todos los románticos. Por eso hasta me gusta un poco arrepentirme y considerarlo "error" y saber que acabó mal y querer que así sea. Por eso me gusta un poco tener una historia de esas tan feas, por ser espina y puñal, por ser tijera donde había tapices de hilo y dedal, por ser veneno que recorre las venas, por ser una de esas que cuesta olvidar.
Por ser una de esas que nadie recomienda.
Por ser una de esas que cuando ya no duelen, te hacen rabiar.
Como lo fuiste tú también, un invierno irritante en el que hizo demasiado frío y no había ni gota de chocolate.
Así que me quedo con mi oasis sempiterno que me inventa palabras los miércoles y el resto de días de la semana me las cuenta, que escribe frases que hacen entender historias, y que se queja conmigo de lo solas que estamos y de esa gente que nos conoce en los momentos más extraños de nuestra vida.
Mientras tanto yo sueño con mi tyler durden, mi alterego, mi Brad Pitt, que me dice:
Huye, de todas tus historias, si huir significa ir a buscarte, y buscarte (por definición) merece encontrar.

lunes, 20 de febrero de 2012

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Una vez prometí que iba a querer hasta que se me parasen los pulsos, creyendo en la imposibilidad de que ciertas cosas sucedan, como hacer un beso eterno por el simple hecho de fotografiarlo, o que de dos mosquitos atrapados en el ámbar se pueda extraer de verdad adn, pero sí, hay cosas imposibles que pasan. Y a mí se me pararon los pulsos, y quedé suspendida en un limbo de frustración y pesar y dramadicción. Me iban envenenando los besos regalados, despegando la piel de los labios. Me desaté en un frenesí sin limites cuando volviste, pensando en aprovecharte al máximo y exprimirte hasta la ultima gota o la última palabra bonita que tuvieses para mí. Confiando absurdamente en que tal vez quedase algo de aquella persona a la que yo le prometí que, si el pulso seguía bailandome en el cuello y las muñecas al son de los latidos, seguiría queriendo de la misma manera. Pero dime, ¿qué valor tienen las promesas hechas a alguien que ya no existe? Cuando desapareciste se rompieron también todos los hilos que formaban los tapices de colores brillantes que tejí para ti en Times New Roman y de los que te hacía lecturas suspiradas. Y mejor, teniendo en cuenta que quererte fue lo peor que pude hacer, porque nunca supe hacerlo.
Después de aquello me metí en sueños de bulevares y me creí mujer fatal, me descontrolé y me perdí, y fui de corazón en corazón dejando el mío por el camino sin rastro de migas de pan. Y convirtiéndome a la vez en esa nube larga que queda al paso de los aviones en el cielo, y que solo ven los que están abajo, muy muy abajo.
Cometiendo excesos, y exigiendo gangsters pero conformándome con pobres espanta-pájaros que buscaban también su miedo. Y cuando no, me lanzaba desde lo alto de cascadas a vacíos sin agua, imitando a una Pocahontas imprudente que no hacía caso a consejos de Sauce. Me regodeé en amarguras intentando taparlas con montañas de azúcar y dando mil mordiscos a manzanas prohibidas. Siguiendo los pasos de Eva y engañando Adanes.
Con una especie de mueca por sonrisa y sin boca de fresa, me dedicaban la canción de 'Princesa' por lo de la camisa sucia e ir cambiando de perro ladrador. Mi vida se convirtió en una comedia en blanco y negro con bombines y bigotes a lo Chaplin y carcajadas silenciosas.
Ya nadie me sigue en los viajes. Ni se esconde en las esquinas de mi calle a verme entrar en el portal.
Y entiendo las mil razones de la nueva yo, dejando pasar los trenes fantasma que me invento traqueteando vías muertas.
Pero intento tratarme y voy inyectándome en vena dosis diarias de cosas bonitas, y no me va mal. Es tan fácil enamorarse en Madrid. Aunque a veces Madrid sea un desierto de asfalto.
Supongo que todos nos sentimos alguna vez como en un desierto, con distintos tipos de sed y hambre y distintos tipos de soledad.
La vida es muy triste sin cosquillas. Y para la gente que las tiene escondidas como yo, todavía más. Sobretodo cuando nadie quiere aprenderte y tú te estudias a fondo a la primera persona que te inquieta y se te antoja interesante. Vives buscando especies a estudiar. Y con ese miedo de no dejarte emocionar demasiado, porque una pequeña taquicardia puede explotar un corazón pequeño, o hacer astillas un corazón helado. Helado de frío. Porque algunos se han llevado su calor. Y solo nos queda decir adiós. Con el dedo corazón y un buen corte de mangas. O hasta luego, con los labios húmedos y cierto sabor amargo a beso robado.

sábado, 11 de febrero de 2012

'Tú eres la razón de mi existencia'

Construyendo diques a tus glándulas lacrimogenas, no te vas a salvar.
Algún día se desatarán oleajes de dolor, y a saber a quien alcanzan.
Mil y un tsunamis entre tus pestañas que llegan al borde y vuelven atrás. 
Sigues buscando a alguien que te dé vueltas en el aire durante paseos poco tranquilos. Tal vez pongas carteles con un "wanted", de se busca y de querer.
Tal vez empapeles todo el Retiro. Y aún así no te salvarás.
No te salvará huir del invierno a lugares donde te roce el sol. Porque el sol ya no te toca.
Tienes pesadillas que brillan de angustia, donde te asfixias en abrazos de bufandas que cogen forma de piel de serpiente. Te sepultan en arcilla y esculpen contigo dentro un cuerpo más bonito, una persona más interesante, alguien mejor y más fácil de querer. Rompen a mordiscos tus sueños de cartón piedra. Y nadie te salva.
Escondes el corazón en vasos, y rebosa de amor. Pero a tus cartas se les borró la dirección, y no volverás a escribirles remite por vergüenza.
Te cuesta respirar en los paseos nocturnos por Madrid. Porque las luces de las farolas te sobrecogen.
Estás vacía como las piscinas en invierno. No es lo mismo si no hay chicos malos. Echas de menos. Tu amor echa de menos que le sean infiel. Necesitas un loco otra vez en tu vida. Que te dé la vuelta a la tortilla en el aire. Igual que te las da a ti en los paseos. Que te llene, cómo las botellas de agua. Aunque sea a medias. Que te quiera o no, da igual, lo importante es lo que tú sientas. E inmolarte como una puta kamikaze en el mejor dolor que existe. En la misión más peligrosa y atractiva de todas, la de buscar a la mariposa de Vietnam que llene tu vida de 24 horas de micro-momentos de felicidad. Que te invente los recuerdos y las mil formas de explotar tus 8 sonrisas, que te enseñe la caricia que tienes al final de la linea oblicua de tu mandíbula. Y te dé los besos que guardas en las comisuras, sin candado. Que te regale bolas del mundo y se esconda debajo de tu cama. Que te escriba en la espalda las cosas que no quiere que olvides nunca. Y te ayude a leer en el braille de las caricias suaves de las yemas de sus dedos y aprender con la memoria de la piel. Que te dé todos los besos cómo si fueran el primero y rebobine una y otra vez la sensación de resurrección de la pequeña mariposa en el estomago, y el cosquilleo de su aleteo.
Entonces puedes dejarte llevar por los terremotos, como si de tu estomago a tus labios, tus brazos, tus ojos, tus piernas, tus pulmones y tu corazón hubiese la misma distancia que de aquí a Japón. Y cuando te invaden esos terremotos, esos temblores, las taquicardias, la falta de aire, los huracanes, y te inundan por dentro, solo hay un acto capaz de exponerlo para intentar mostrárselo a él. Y todos sabemos cual es. No hay lenguaje más elocuente que el del propio cuerpo. Y no hay forma humana de parar eso que se siente. Y si la que escribe supiese de lo que habla, tal vez todo esto sería más creíble. Tal vez no serían solo imágenes. Tal vez podríamos hablar de amores improbables. Amores de esos que todavía no existen, pero que uno se imagina todos los días. Y es que yo: soy frío si no puedo calentar mis pies en tus piernas. Soy demente sin  tus conversaciones irónicas y desvariantes. Soy enferma sin un beso de buenas noches. Soy tatuadora si tú me lo pides, y dibujo los ángeles que quieras rodeándote las caderas, usando tinta o saliva, siempre lo que tú prefieras. Soy eddin para escribirte poemas de amor en la espalda. Soy insomne si no duermo contigo. Soy una adicta atormentada por el mono si estamos más de seis horas sin hacer el amor. Soy alma pérdida si no existes. Por eso te invento. Porque sino, no existo. Y porque inventarte, me hace inmortal.

'Tú eres la razón de mi existencia: Si no te conozco no he vivido, si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido'
Luis Cernuda.