sábado, 24 de agosto de 2013

Masoquismos

El mundo busca evitar el dolor
como un enamorado que no quiere usar su corazón,
para no estropearlo.
Como una madre que te esconde las muñecas nuevas
para que duren un poco más.
A mí,
me gusta quitarle el plástico
a las cosas nuevas
y las que nunca se han usado
me dan grima.
Siento una ternura infinita por todo lo roto.
Si me dan una patada,
me gusta volver a colocar mi culo delante de esa misma pierna.
Si se ríen de mi torpeza,
busco salientes en la calle y la forma
de caer que me agriete las rodillas.
Si me dicen 'no te quiero'
repito la frase en mi cabeza hasta
que me la aprendo de memoria.
Jugar con el drama es una aventura peligrosa,
y algunos nos regocijamos.
Cuando tuve curiosidad
por tocar el fuego
dónde todos apartaban la mano
yo intenté hacerme la valiente,
sin ser yo nada de eso,
y me quemé
y me gustó.
Si me cruzo con el dolor
en medio de un paso de peatones
cuando el semáforo nos grita
que va a ponerse en rojo
yo le doy un beso, 
me lo tiro
y le invito a un cigarro después
-incluso alargo el rato de después
prometiendole dos vidas,
la de antes de conocerlo
y la que desde que lo conozco, ya no es mía-
tumbada sobre una de esas líneas blancas
mientras él se levanta y se va
evitando pisarlas,
y oigo como los coches arrancan.
He escogido caminar por la cuerda floja,
y como tantas otras cosas,
me gusta más hacerlo con los ojos vendados.
Cada vez que alguien me obliga a bajar
y pisar suelo firme,
-me abre los ojos y me dice: "¡Mira!"-
me imagino gritando 'fuego'
ante un pelotón de fusilamiento,
o 'a la carga' mientras levanto una espada
guiando a millones de ejércitos
contra quien osa obligarme a creer
que existe algo tan feo
como la cordura de los cuerdos
y que el resto del mundo
sí me toca,
que no existe mi margen.

Si es destructivo, sacia.
Pero el daño,
cuando me lo hacen lento,
me dejan con ganas.

Si quieres sabiendo que vas a caer de pie,
para qué quieres.

Apuesto a nada o nada,
apuesto a perder,
que es como la gente que quiere gana.

Tú dueles, amor,
y yo quiero hacerlo contigo,
porque auguro una victoria muy dulce
entre tanto masoquismo.




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