jueves, 30 de septiembre de 2010

Laia


¡Tú! ¡Sangre de mi sangre! Tú que compartes mi carácter, tú que vives conmigo en nuestro mundo de Yupi, porque  para nosotras la Tierra siempre fue poca cosa. Tú que eres mi confidente, mi hombro favorito y el más mullidito.  Aquél en el que prefiero llorar, porque sé que después no lo comentará.
A ti que te conozco desde bebé, desde que nuestro objetivo era el chupete y nos gustaba estar juntas en esa hermosa ciudad que nos vio nacer. Desde que te conocí cuando tu contabas con una semana de vida. Desde que compartimos mes y horoscopo.
Tú, que has sido la única capaz de recuperar mi corazón, al que tanto echaba de menos.
Tu imaginación me desborda a veces, tu visión feliz del mundo y tu alegría superan las mías con creces. Contigo, siempre contigo, tantos momentos vividos en la ciudad condal, y en esa hermosa villa de Cea.
Recuerdo el olor del mar y de tu perfume, el sabor a crema en los labios mezclado con sal, el olor a calor y sentirlo sobre los poros de la piel. El sonido de la Urbe.
Recuerdo el sabor a verano, y a noche estrellada con olor a hierba y el rumor cristalino del agua del río.
Recuerdo el sabor a cubata de ron... los saludos a mi amiga Ginebra, y el adiós desgarrador desde la garganta a nuestro viejo amigo Vodka… que solo se comparaba al adiós al tío Calimocho (escrito lo más ortográficamente correcto posible sin “x” ni “k”) y el recuerdo de la pesada de nombre que seca la garganta, Resaca. Los angustiosos ratos del Señor del Tres.
Tus pitillos de colillas humedecidas por tus labios y los míos, y las risas entre caladas y humos sabor a menta. Que despejan la garganta como nada, el mejor medicamento que probé para el catarro.
Ratos  húmedos entre escusas de menstruaciones inexistentes y gritos, patadas, y manotazos para evitar que unos brazos más fuertes nos lanzasen al río de bruces sin tener exito en ninguna ocasión.
Y bueno, que decir de las fiestas… en todos esos pueblos, que ya eran buenas cuando teníamos 14, 15, 16,17… y que han sido sublimes el verano de nuestros 18.
Noches en vela y mil y un amaneceres a tu lado. Todavía me cuesta concebir el alba si no estoy brindando contigo, para ver cómo surge el sol desde el horizonte. Música, bailes, fiesta, y todos ellos claro. ¿Qué sería de nosotras sin todos ellos? Marcamos tendencia.
Eso cuando no dormíamos, pero ay cuando te he visto dormir… jajaja, un pequeño arrebujo de persona espatarrada que duerme sin taparse con sábana alguna y da patadas y habla en sueños, yo te oigo a ti, tú me oyes a mí… y oírte es una maravillosa experiencia. Te quiero tata.

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