En mi pueblo, en la ciudad,
Hoy la mayoría es una voz
que habla a través del tiempo
por todas las que apagó el silencio.
Nos componen los nombres olvidados
de las mujeres que debemos rescatar.
Aquellas que callaron
y sólo pudieron claudicar.
Las que se atrevieron a ser
y tuvieron que pagar por ello.
Rescatemos a las que se escondieron
porque escribir las convertía en prostitutas.
- La desnudez libre de la mujer,
siempre prohibida. -
A las que empujaron hacía delante la medicina
y tuvieron que compartir el mérito.
A las que sólo reconocieron
su trabajo porque un hombre quiso hacerlo.
A las que vieron como otros robaban su investigación.
A las que esculpieron con el corazón roto
y su mundo no les creyó.
A las que fueron artistas encarceladas
porque otros las decidieron musas.
A la hermana de la madre de mi abuela
que tuvo la valentía de tener un hijo sola.
A mi abuela, que siendo señorita,
se ponía los pantalones debajo de la falda.
A las que quisieron ser escuchadas,
A las que hicieron lo que quisieron,
A las que acusaron, encerraron
A las que acusaron, encerraron
A las que alzaron los puños en alto
A las que amaron y regalaron su talento.
A las que fueron humilladas,
A las que se fueron sin saber
A las musas que decidieron hacer arte.
Ahora nuestras voces se oyen más alto
porque en cada una
habita la palabra de otras diez.
Por mí y por todas las demás.
Grita,
grita hasta que todos lo oigan.
Grita hasta que la respuesta
Mujer,
grita,
siente tu lugar, tu poder, tu libertad y tu vida.