viernes, 21 de octubre de 2016

Oriónidas oníricas

Este es el minuto y el momento.
Cada vez que llueven estrellas el cielo se cuela en mi sueño,
y vuelvo a casa
a la luz de las lunas llenas
y la voz de un amor despierto.

Yo duermo
y tú nos resucitas.

Ya pasaba antes.
Pero nada ha pasado todavía.
Este mundo es nuevo.
Es otro sueño.
Y no sé si somos nosotros
o sólo nos parecemos.
Ahora tú buscas los besos
y yo escondo las excusas.
Ahora tú escondes la mano
y yo lapido la aventura.
Ahora tú te rindes
y yo pienso en otros.
Ahora tú me engañas
y yo me convenzo.
Ahora yo miento
y tú sólo miras.
No es nuestro momento
pero se parece.
Puedo notar el frío del suelo
morir ante la hoguera que es mi cuerpo.
Puedo ver desaparecer el espacio que nos separa
y oler tus miedos y tus ganas y otra vez tus miedos.
Puedo oír como llamo a los míos
y suplico que vuelvan
(eso no es algo nuevo,
tú espantabas mi cautela).
Y entonces aparece el peligro,
y le acojo como a un viejo amigo,
y le pido que me conceda un beso.
Ya no me veo,
me estoy olvidando,
vuelvo a dejar de quererme
y cierro los ojos mientras
unos labios de valiente
buscan a mi izquierda,
desde donde no me miras
y donde ya no existes.

Yo despierto
y tú nos olvidas.

No puedo matar lo que ya está muerto,
pero me haré la dormida.
La verdad es que si abriese los ojos no vería.
Las nubes tapan lo posible del deseo.

Oriónidas oníricas.

viernes, 23 de septiembre de 2016

Fugaz

El instante que lo cambia todo podría durar horas. 
¿Tendrá la vida paciencia suficiente para reconocerlo?
Mientras tanto, 
sólo existe un color, 
a una hora concreta, 
que sabe llenar tus ojos con ese instante, 
tan de media hora y de un segundo.
Nunca quise atraparte en mis pestañas, 
nunca quise que fueran una cárcel para tus sueños. 
Nunca quise que tú te asentaras como mi único sueño, 
siempre detrás, siempre bailando, siempre detrás, 
de un párpado al otro. 
Perdona por todo.
No debí soñar contigo,
 ni despertar a tus pies. 
No debí ahogarme en tus excusas, 
ni llorar por tus rincones.
No debí mentir con tus palabras, 

ni decirte la verdad cuando temblaba, después,
siempre,
después de arder;
cuando el árbol desfallece, 

las ramas tiemblan y sus años laten.
Sin embargo no me arrepiento.
Repetiría cada movimiento,

cada pequeño y singular vuelo de mis dedos por tu suavidad, 
cada ladrido, cada beso. 
Recrearía cada noche con su luz, 
y volvería a aprender a hacerlo después de olvidarte, 
como si leyese un libro nuevo.



miércoles, 14 de septiembre de 2016

No olvides, aunque llueva

No olvides, aunque llueva, 
que ayer el sol perseguía los girasoles de tus ojos, 
que cansados,
miraban a otro lado mientras este perdía toda su fuerza. 
Los mismos girasoles que hicieron brillar más que nunca tus pupilas 
y calmaron su sed con tu llanto. 
No olvides, aunque llueva, 
que ayer el cielo estaba despejado 
y se podía ver bailar a las colinas a puntito de besar el ocaso del verano.
El mismo verano que puso estrellas fugaces cerca de tus labios
para que tus susurros se cumplieran.
No olvides, aunque llueva, 

que fuiste una brizna de paja conquistando el mar dorado.
Libre.
No olvides, aunque llueva, 

que fuiste libre,
ayer,
antes de que la melancolía de la primera hoja perdida decidiera alojarse en tus pupilas.

martes, 12 de abril de 2016

¿Y tú qué prefieres, querer o que te quieran?

En mi boca sigue escondido el recuerdo
de un beso que inundó mi casa.
Las lágrimas más fáciles
mojaron todos sus nombres,
de rabia y por orgullo.
Pero nunca pude llorar de dolor.
La gente tiende a pensar
que cuando no se llora es que no duele.
Pero el dolor de verdad,
el que se queda,
no se limpia con el llanto
y siempre deja secuelas:
un tic en el ventrículo izquierdo
al oír la palabra 'verano',
una mueca extraña cuando alguien pide el café sin azúcar
o ese gesto involuntario
que te lleva la mano al pecho para intentar sujetarlo,
al chocar con su perfume en otro cuello.

-Yo quise quererte toda la vida-

Sé que sólo echo de menos
la sombra de todo lo que desee que fuera.
Pero echo infinitamente de menos
el efecto de aquella luz
sobre la figura que imaginé a mi medida.

-Una vez tuve en el oído
tus latidos,
y luego todo se apagó.-

Sé que quise tanto que odié
y sigo odiando,
porque la indiferencia
no quiere instalarse en mis nostalgias. 

Mordí su piel con tantas ganas
que nada ha vuelto a parecerse
a ese sabor caliente y letal
escondido ya en el tiempo de otra vida. 

Reconozco el escozor
en la cicatriz entreabierta de la duda,
cada vez que alguien me gusta.

Hoy sólo puedo lidiar con
historias que sé que acabaran. 
Y así, desde hace algún tiempo,
empiezo los poemas por el final.

- Estás en todas las palabras
que hablaron de amor.-

Cuando leo a Cernuda soñar con que el hombre pudiera decir lo que ama,
encuentro en la punta de mi lengua tu inicial.
Y me gusta.
Si Oliverio habla de la que vuela,
nos veo cogidos de la mano
en un mundo que envidia nuestras alas.
Y cuando Benedetti cuenta su estrategia,
recuerdo muchas tardes de invierno en el sofá.

Como le pasara a Vicente Huidobro,
si estoy triste,
apareces en todos los lugares donde pongo los ojos.
Y el escozor resucita,
la herida sigue viva porque es la única que tengo,
y yo siempre he preferido tiritar al ritmo del daño
a no sentir nada en las mejillas. 
Por eso me pasa,
que cuando el mundo de otros
se desmorona a mi alrededor
y busco en el dolor para entenderlo;
yo te echo de menos.

Pero ya no me da miedo,
entiendo que la vida es eso:
un sentimiento,
el que sea,
pero uno.



viernes, 4 de marzo de 2016

Como dos gotas de agua

Como dos gotas de agua
que caen en el lugar que corresponde
completando una vida;
así fue como llegaron ellas a su casa.
Y así un pueblo sumó dos,
y un niño aprendió a multiplicar
y las horas pasaron más rápido para aquellos que debían distinguirlas.
Como dos gotas de agua
vestidas con distinta luz
pasearon sus sonrisas húmedas
por la villa más encantada del planeta.
Y así empezaron los juegos,
y así las historias.
Y fueron dos en una
y nunca la una sin la otra.
Como dos gotas de agua,
imitando la magia de parecer iguales
siendo distintas.
Y así un río bañó su risa,
y el sol secó su piel,
y los árboles inmortalizaron nuestro abrazo
y alguien nos contó que el corazón
bombeaba la sangre más caliente en verano.
En verano.
Cuando las niñas crecen
los amigos se convierten en hermanos
las bicis descolocan siempre sus cadenas
los enemigos aparecen en el pueblo de al lado
y los amores son más susceptibles a hacerse daño.
En verano
cuando los lazos más humanos
tienden a convertirse en sólidos alambres
y la luna es cálida y los niños juegan a esconderse de la noche y todo es bueno.
Aquél verano
en que corrimos con cucharas sosteniendo huevos,
buscamos monedas en la harina,
mordimos manzanas colgadas en parejas,
adivinamos el número de casas que había en cea,
y bailamos con nuestras faldas de colores.
Como dos gotas de agua
buscaron el amor en la lluvia
sin saber que esta llora siempre desengañada y solo cree en el amor cuando lo empapa,
el consuelo voló de sus manos
y tuvieron que sostenerse.
Pero siempre encuentran otra oportunidad.
Rápidas, como la luz que atraviesa cada gota
y de la que nace un arco iris
Como agua que nunca cae sola.
 
Como dos gotas de agua
Llegaron a donde corresponde,
ocupando su lugar en nuestra hierva, en nuestra mesa, en nuestro banco, en la piedra del castillo que escalamos.
A la orilla de un río que baño nuestra risa,
y en un árbol que guardó en su corteza nuestro abrazo.

lunes, 29 de febrero de 2016

Cada día una distinta


 Belén               



La quise antes de que fuera posible,
y la quiero ahora,
que solo tiene nueve días. 
Ya presume de haber atrapado varios mundos
en su diminuto puño
y puede decir que en su nombre
brilla el recuerdo de otra vida.

Es sencilla,
como todas las cosas inocentes.
Respira curiosidad,
y tiene los ojos desbordados de futuro.
Ya existe en todo lo que está por inventar.

Es la estela de un deseo pronunciado en silencio,
la caricia que notan las flores cada primavera,
un beso
que sabe a eterno
sobre los labios indicados,
el olor de las cosas recién hechas inundando un hogar,
y el final de un invierno
que lloró nieve
cuando la vio llegar.

Culpable de que dos sean ya familia
y de que mi familia cuente un miembro más,
ella es un día de suerte en la vida,
o una vida de suerte gracias a un día.

Una semilla
que crece donde no se la esperaba
y cambia todas las cosas;
el paisaje de su historia,
la dirección de los caminos,
lo que puede y no puede ser la noche,
el curso de los ríos
y hasta los ciclos lunares.

Si quiere,
en su primer fin de semana, la luna se llena.

Cambia.
Es una distinta cada día.
Aquella que se durmió en mi pecho,
no es la misma que agarraba mi dedo
quedándose con mi corazón,
ni de la que me despedí después,
dejando en sus mejillas los pocos besos que le cabían.

Es una distinta cada día,
y el aire resopla ansioso por conocer todas sus versiones. 
Porque en su risa existe ya otro mundo, 
tan pequeño que cabría en la boca de una mariposa,
y tan grande que trastoca todos nuestros planes.
Porque atrapa
con el encanto de quien, sin pretenderlo,
embauca.
Porque su sueño estará vigilado
desde hoy y para siempre
por aquellos que tienen la tarea de inventarla superviviente.

En ella habita el tiempo que empieza a contar de cero,
con todas sus opciones,
y la maravillosa sensación de no saber qué es lo que espera.

jueves, 4 de febrero de 2016

Venenosos

Tiene en los ojos todas las noches
en que alguien robó una vida.
Sus manos están infectadas de olvido,
y cuando te acarician
se llevan las horas que otros emplearon en cuidarte.
Su boca es la mentira
que besa tus miedos
y te dice al oído 
todo lo que jamás quisiste oír
pero piensas que mereces. 
Es la mentira
que inventa que ella no quiso volver a por ti
y tú nunca la esperaste.
Es la mentira 
que inventa que en tus pulmones
no expiraron los gritos
que pronunciaban otro nombre con nostalgia.
Es la mentira
que te niega el calor de una madre,
el orgullo de un padre,
la lágrima de un hermano,
la mano de un amigo.

Es mentira.

Cada vez que sonríe
en sus dientes brilla
un segundo
la bestia agazapada que esconde
y el mundo se viene un poco abajo.
Cada vez que te toca
muere una flor en tu jardín.
Es peor que el invierno,
y arrasa con las vidas
que quisieron cobijarte.
Su nombre es Rabia
y ensucia las nubes
que debieran ser naranjas
cuando el sol se pone 
y tú no has vuelto a casa.
Su nombre es Ira,
no muere porque no está viva
y corroe todos tus suspiros
cuando la ilusión te busca.
Su nombre es Rencor,
y la amenaza
un arma que disfraza de inocencia
sabiéndose letal con ella.
Cada vez que cedes
cuando te dice que se va,
pierdes otro hogar. 
Su nombre es más feo
que una ausencia
y tú no te das cuenta.

Sin embargo,
el mundo gira en circunferencia,
y la vida,
que lo imita,
algún día borrará su suerte
con el mismo veneno con el que oscurece tus días.

El amor es un choque,
y no una carrera sin obstáculo
en una sola dirección
mientras alguien grita que llegas tarde.

Quién te quiere bien
no exige sacrificios,
quién te quiere bien
no esconde tu pasado,
quién te quiere bien
no te cambia,
quién te quiere bien te quiere.