jueves, 4 de febrero de 2016

Venenosos

Tiene en los ojos todas las noches
en que alguien robó una vida.
Sus manos están infectadas de olvido,
y cuando te acarician
se llevan las horas que otros emplearon en cuidarte.
Su boca es la mentira
que besa tus miedos
y te dice al oído 
todo lo que jamás quisiste oír
pero piensas que mereces. 
Es la mentira
que inventa que ella no quiso volver a por ti
y tú nunca la esperaste.
Es la mentira 
que inventa que en tus pulmones
no expiraron los gritos
que pronunciaban otro nombre con nostalgia.
Es la mentira
que te niega el calor de una madre,
el orgullo de un padre,
la lágrima de un hermano,
la mano de un amigo.

Es mentira.

Cada vez que sonríe
en sus dientes brilla
un segundo
la bestia agazapada que esconde
y el mundo se viene un poco abajo.
Cada vez que te toca
muere una flor en tu jardín.
Es peor que el invierno,
y arrasa con las vidas
que quisieron cobijarte.
Su nombre es Rabia
y ensucia las nubes
que debieran ser naranjas
cuando el sol se pone 
y tú no has vuelto a casa.
Su nombre es Ira,
no muere porque no está viva
y corroe todos tus suspiros
cuando la ilusión te busca.
Su nombre es Rencor,
y la amenaza
un arma que disfraza de inocencia
sabiéndose letal con ella.
Cada vez que cedes
cuando te dice que se va,
pierdes otro hogar. 
Su nombre es más feo
que una ausencia
y tú no te das cuenta.

Sin embargo,
el mundo gira en circunferencia,
y la vida,
que lo imita,
algún día borrará su suerte
con el mismo veneno con el que oscurece tus días.

El amor es un choque,
y no una carrera sin obstáculo
en una sola dirección
mientras alguien grita que llegas tarde.

Quién te quiere bien
no exige sacrificios,
quién te quiere bien
no esconde tu pasado,
quién te quiere bien
no te cambia,
quién te quiere bien te quiere.



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