domingo, 3 de abril de 2011

Enredandose en el dedo corazón

-Con ganas me quedo de decirle al viento que se joda mientras enredo uno de tus rizos alrededor del dedo corazón, que se joda porque por mucho que te revuelva el pelo, te roce y te sople jamás podrá tocarte como lo hago yo, jamás podrá disfrutar de tu olor, ese que él mismo esparce, jamás podrá deleitarse con el brillo de esos ojos, ni con el movimiento de tus pulmones cuando lo respiras, ni perder el tiempo simplemente mirando fijamente el movimiento de tu melena, de tus manos, de tus pestañas, de tus labios cuando hablas.
Deja que mueva tu pelo, que lo intente acariciar, que lo haga bailar alrededor de tu cara, y que se joda, que se joda el viento por no poderte tocar como lo hago yo...-
Allí queda ella, como el más bello de todos mis frios sueños, muda, quieta, pensando en quien sabe qué, increiblemente perfecta.


lunes, 21 de marzo de 2011

Que tal cielo

Amanece más temprano y ya estamos en primavera, hule a calor y tengo la suerte de escapar de la alergia, se me cruzan los días pasados contigo. Ayer hizo sol, hoy llueve, ha pasado una rápida tormenta, relámpagos y truenos de los que hacen retumbar las paredes del estómago. El cielo se ha vuelto oscuro a media tarde y en estos ratos me da por desempolvar viejas cajas y averiguar que esconden, que escondía yo allí y porqué. Y encuentras cosas, frases, palabras entrelazadas que duelen, que lloran tinta solas.  Versos sin rima escritos por unos dedos de doce añitos, intentando hablar de amor. Un amor puro y joven de los infantiles, de esos que son de verdad, y que se recuerdan en la vida, los recuerda quien los siente y quien los provoca. 
El azar quiso que yo supiera, y supe, y llegaron a mis manos aquellos versos copiados que decían: “Si tengo que morirme que me muera en primavera para poder echar raíces y vivir siempre a tu vera”. Canciones de entonces que hoy siguen poniendo en la radio y que me hacen retroceder en el tiempo cinco años. Imaginar que escucho tu voz al otro lado del teléfono explicándome que conseguía darte fuerzas cada vez que te llamaba, que sufrías y padecías y se te escapaba la esperanza por la garganta en cada llanto después de la quimio, que no querías hablar con nadie y que yo siempre era la excepción, que el día era o normal o horrible hasta que yo llamaba. ¿Cómo digiere eso una niña? Cómo puede. Largas conversaciones sin saber que decir, sin entender ni una palabra de la enfermedad, sin saber si se podrá curar, intuyendo que no te dicen toda la verdad. Leucemia. Desde hace cinco años soy incapaz de oír esa palabra sin que me recorra un escalofrió  el cuerpo desde la punta de la uña del dedo pulgar hasta el último pelo de la nuca.
Hoy te echo de menos, hoy te busco en el recuerdo que escondí en aquella ruta fantasma de mi mente e intento situar las palabras, las imágenes, las sonrisas, los momentos, incluso hasta el último momento de aquel otoño triste y frío en que todos empezamos de cero a crecer.
Intento recordar cuando fue el último momento en que te vi, en que estuve contigo, cuando fue la última llamada, por qué no sabía nada, por qué me sorprendió tanto, por qué me derrumbó el golpe contra el suelo…
También me pregunto  si ahora me veras escribiendo esto desde tu cielo, si algún día vienes a visitarme y compruebas que me acuerdo, que sigues conmigo siempre pase lo que pase. Sobre todo me pregunto qué tal estarás allí, en tu cielo.

jueves, 10 de marzo de 2011

Bonita

Como tantas otras noches no puede dormir, lo tienen hipnotizado unos ojos negros. Se quedó congelado en aquel instante en que sus cinco sentidos evocaban el olor de aquellos rizos, sus detalles, el leve siseo al bailar con el viento, imaginaban su sabor y recordaban su suavidad. Entre sábanas frías se pregunta si la luna velará su sueño. Se la imagina enredando inconscientemente sus dedos entre los largos rizos, o agarrándose al cojín para no dejarlo escapar, la boca entreabierta, y un suspiro en medio de esa respiración agitada de un carácter extrovertido y enérgico. Casi puede contar todas y cada una de las pecas que adornan sus mejillas. Esas mejillas que flanquean  las esquinas de aquella sonrisa tan perfecta. 
Medio dormido se pregunta si algún día volverá a sentir sus labios contra su cuello y el suave mordisco sobre la yugular. Si comerá helado de madrugada con otro o lo hará sola, recordando... Se pregunta si volverá a enseñarle a besar, como todas aquellas veces. Llegados a este punto, con el recuerdo de sus besos, se levanta y sale a la terraza, no puede pasar ese ecuador sin fumar, se apoderan de él los nervios, y un ligero temblor covarde. Luego volverá a la cama, y como todas las noches desde hace tanto, le oiré hablar en sueños, medio gritando su nombre. El de la dueña de aquellos ojos negros.

miércoles, 2 de febrero de 2011

De un loco para otra loca

Perdido. En lo más hondo del pozo. Triste. Solitario, en ese fondo oscuro y húmedo. La lengua ya solo distingue el sabor amargo, la boca pastosa, entre humos la noto seca, pero no bebo agua, solo ron, cual bucanero sin pata de palo ni parche en el ojo, pirata sin vela, ni barco, ni tesoro, ni cofre, ni corazón que esconder. Ya no sé ni leer un mapa que me indique como salir de este agujero. Echo de menos hasta lo que antes echaba de más.
Pero algo ha cambiado. Ha aparecido.
Ella me ha salvado, ella me ha sacado del abismo, me ha rescatado de la oscuridad de la cárcel de mi fúnebre cabeza. Cada uno de esos diminutos dientes, piezas de puzzle que forman esa preciosa sonrisa, me iluminaron la salida.
Ella es la gota que colma el vaso, que consigue que todo fluya...
Mi corazón se desborda.
Y siento cada latido anunciar el fin, como si el corazón diese su ultimo vuelco cada vez que parpadeo y al abrir los ojos me encuentro esto:
Y siento que en ese instante podría morir.

martes, 21 de diciembre de 2010

Por ti y para ti

Del negro abismo del olvido no vale rescatar nada, se queda allí preso, se va el amor, se olvida, se desgasta, se destiñe el rojo en unos vaqueros y se rompen las costuras a la altura de las rodillas tras las sucesivas caídas, por haber rozado una y otra vez el suelo rasgándose y provocando pequeñas heridas que escuecen y se llenan de arenilla.
Se te empañan los ojos pequeña, no crees que sea verdad cuando te dicen: - Te entiendo.- Sin embargo en mi caso es verdad, te entiendo y me he sentido como tú, se me han roto otros pantalones y he caído mil y una veces sobre mis resentidas rodillas, para volver a levantar. Eso es lo que tú tienes que hacer, levantar.
Volar, ya te lo dije, no es tan difícil, sencillo, como aprender a caminar.
Ten siempre en cuenta que yo te quiero más. No escondas esa sonrisa. Y bésame la mejilla, como aquí, como en este momento, sobre ese árbol que fue testigo de juegos y confidente de desengaños, a la orilla del río que nos ha visto caer a sus aguas vestidas y medio desnudas, nos ha prestado sus gotas para calarnos la piel y jugar mojando nuestras sonrisas, ese río que fluye al mismo tiempo que nuestras vidas. No cambio por nada los momentos pasados a sus orillas.

martes, 23 de noviembre de 2010

Cómo sólo ella sabe conseguir que hablen de ella

Seguia pensando en aquella chica de ojos negros, en sus dedos sujetando los pitillos, en sus labios dando cada calada, en su melena rizada ondeando con la suave brisa del mediterráneo, en el embriagador olor de ese pelo y el perfume de su piel, y lo guapa que estaba paseando a su lado por aquellas calles de Sans.
Paseos para recordar, momentos imposibles de llegar a aquel lugar donde dicen que habita el olvido. Magia desprendida en su caminar, sin mirar atrás. Alegría, es lo que soltaban los poros de su piel a bocajarro como insultantes para todo aquel amargado que no estuviese disfrutando del momento con su paseo.
Cualquier tipo de sentimiento rancio que guardase su alma desaparecía estando con ella, con su animada sonrisa, con su felicidad contagiosa.
Haciendo posibles cada una de sus locuras sin pensar en nada más, en las consecuencias, y demás.
Simplemente sin pensar. Y recordarla así, recostada en el suelo de la calle, frío y sucio, dejando que la gente la mire sin entenderla, pero a ella le da igual, no es importante lo que a cualquiera pueda rondarle por la cabeza tras contemplar esa imagen, solo es importante lo que él está pensando, y él la ve más bella, interesante, desconocida, inalcanzable, seductora y deseable que nunca. Como un sueño, el sueño de su existencia. Pues eso, que el pobre era incapaz de dejar de pensar en esa belleza catalana que no hacía mucho le había robado el corazón, y se lo tenía escondido y preso manteniendo intacto su frío sueño.

     Cómo sólo ella sabe conseguir que hablen de ella, con palabras que fluyen a bobotones, como sangre, de un corazón enamorado.

martes, 9 de noviembre de 2010

Sonrieme porfavor

Dejanos disfrutar de tu sonrisa, nunca prives al mundo de esa luz que ilumina hasta el pozo más profundo y la oscuridad más ominosa.
Vamos, preciosa, sonríe.
Haré lo que sea, todo lo que este en mi mano, pero sonríe.
Riete a carcajadas, contagiame tu risa, vamos a reírnos de todo, vamos a tomarnos a risa hasta ese desamor que te inunda los ojos en aguas saladas.
Nada puede evitar que sonrías, esa fuerza inagotable de tu risa. Que es capaz de alimentar cualquier motor, que da energía, que mueve el mundo, mi mundo. Ríe, ríe, ríe, y sonríeme. Siempre. Para que no olvide que a pesar de todo tu sonrisa me va a acompañar, para que recuerde que pase lo que pase siempre estará ahí para empujarme a seguir, para derrumbar mi mal día, mi angustia, mi dolor, y contagiarme esa risa. Para provocar mi carcajada de felicidad.

Regalame, esa maravillosa risa contagiosa que te caracteriza, preciosa.