jueves, 10 de noviembre de 2016

En el aire

Te tengo atrapado en las pestañas.
Eres el sueño de
una noche invernal sin pijama.
Abrí los ojos antes de que acabaras,
y te has quedado enredado en la mañana.
Amanece casi naranja.
El mundo es una maravilla 

pero la humanidad lo mata.
Amanece casi azul.
La vida enseña pero nadie aprende nada,
y el pasado se angustia y los libros tiemblan.
Amanece casi rojo.
Hay un botón en mi cuerpo
que cede sólo ante tu peso,
y pacta con todo este desorden,
para que el momento sea sólo eso:
infinitamente,
un punto muerto
durante un instante,
un parón efímero en el tiempo.
Amanece y no existe la muerte
ni la desolación
ni la destrucción
ni la ambición
ni el desengaño.
Soy inmune al miedo
y nada puede hacerme daño.
Dura sólo unos segundos
pero vuelo.
Y una vez que vuelo
el mundo es mío y
tu vuelo es mío y
nos salvamos.
Paramos,
descansamos,
resucitamos,
y volvemos a volar.
Con los píes en el aire
el suelo no nos puede hacer temblar.

viernes, 4 de noviembre de 2016

El miedo

Es pregunta y problema. 
Es una cuestión de tiempo y a veces de espacio.
Es voluble y temerario. 
Es inmortal pero no invencible. 
Es fuerte, pero si soplas, su pedestal se tambalea.
Cuando lo besas en los labios 
y te vas y lo abandonas, 
sientes un hormigueo en los dedos 
y el poder de los valientes.
Algunos incluso caminan cogiéndolo de la mano, 
o pasean por encima sin dedicarle un simple gesto.
En mi caso huyo.
Corro, me escondo y no hago ruido.
Pero siempre me encuentra.
El miedo,
que todavía me estaba esperando,
en aquel lugar,
todas las tardes naranjas. 
Aún recuerdo la única vez que lo perdí,
lo olvidé en tu pelo,
tu risa,
tu mano,
tus ojos,
tu cuerpo, 
y tu boca,
cuando me quisieron. 

viernes, 21 de octubre de 2016

Oriónidas oníricas

Este es el minuto y el momento.
Cada vez que llueven estrellas el cielo se cuela en mi sueño,
y vuelvo a casa
a la luz de las lunas llenas
y la voz de un amor despierto.

Yo duermo
y tú nos resucitas.

Ya pasaba antes.
Pero nada ha pasado todavía.
Este mundo es nuevo.
Es otro sueño.
Y no sé si somos nosotros
o sólo nos parecemos.
Ahora tú buscas los besos
y yo escondo las excusas.
Ahora tú escondes la mano
y yo lapido la aventura.
Ahora tú te rindes
y yo pienso en otros.
Ahora tú me engañas
y yo me convenzo.
Ahora yo miento
y tú sólo miras.
No es nuestro momento
pero se parece.
Puedo notar el frío del suelo
morir ante la hoguera que es mi cuerpo.
Puedo ver desaparecer el espacio que nos separa
y oler tus miedos y tus ganas y otra vez tus miedos.
Puedo oír como llamo a los míos
y suplico que vuelvan
(eso no es algo nuevo,
tú espantabas mi cautela).
Y entonces aparece el peligro,
y le acojo como a un viejo amigo,
y le pido que me conceda un beso.
Ya no me veo,
me estoy olvidando,
vuelvo a dejar de quererme
y cierro los ojos mientras
unos labios de valiente
buscan a mi izquierda,
desde donde no me miras
y donde ya no existes.

Yo despierto
y tú nos olvidas.

No puedo matar lo que ya está muerto,
pero me haré la dormida.
La verdad es que si abriese los ojos no vería.
Las nubes tapan lo posible del deseo.

Oriónidas oníricas.

viernes, 23 de septiembre de 2016

Fugaz

El instante que lo cambia todo podría durar horas. 
¿Tendrá la vida paciencia suficiente para reconocerlo?
Mientras tanto, 
sólo existe un color, 
a una hora concreta, 
que sabe llenar tus ojos con ese instante, 
tan de media hora y de un segundo.
Nunca quise atraparte en mis pestañas, 
nunca quise que fueran una cárcel para tus sueños. 
Nunca quise que tú te asentaras como mi único sueño, 
siempre detrás, siempre bailando, siempre detrás, 
de un párpado al otro. 
Perdona por todo.
No debí soñar contigo,
 ni despertar a tus pies. 
No debí ahogarme en tus excusas, 
ni llorar por tus rincones.
No debí mentir con tus palabras, 

ni decirte la verdad cuando temblaba, después,
siempre,
después de arder;
cuando el árbol desfallece, 

las ramas tiemblan y sus años laten.
Sin embargo no me arrepiento.
Repetiría cada movimiento,

cada pequeño y singular vuelo de mis dedos por tu suavidad, 
cada ladrido, cada beso. 
Recrearía cada noche con su luz, 
y volvería a aprender a hacerlo después de olvidarte, 
como si leyese un libro nuevo.



miércoles, 14 de septiembre de 2016

No olvides, aunque llueva

No olvides, aunque llueva, 
que ayer el sol perseguía los girasoles de tus ojos, 
que cansados,
miraban a otro lado mientras este perdía toda su fuerza. 
Los mismos girasoles que hicieron brillar más que nunca tus pupilas 
y calmaron su sed con tu llanto. 
No olvides, aunque llueva, 
que ayer el cielo estaba despejado 
y se podía ver bailar a las colinas a puntito de besar el ocaso del verano.
El mismo verano que puso estrellas fugaces cerca de tus labios
para que tus susurros se cumplieran.
No olvides, aunque llueva, 

que fuiste una brizna de paja conquistando el mar dorado.
Libre.
No olvides, aunque llueva, 

que fuiste libre,
ayer,
antes de que la melancolía de la primera hoja perdida decidiera alojarse en tus pupilas.

martes, 12 de abril de 2016

¿Y tú qué prefieres, querer o que te quieran?

En mi boca sigue escondido el recuerdo
de un beso que inundó mi casa.
Las lágrimas más fáciles
mojaron todos sus nombres,
de rabia y por orgullo.
Pero nunca pude llorar de dolor.
La gente tiende a pensar
que cuando no se llora es que no duele.
Pero el dolor de verdad,
el que se queda,
no se limpia con el llanto
y siempre deja secuelas:
un tic en el ventrículo izquierdo
al oír la palabra 'verano',
una mueca extraña cuando alguien pide el café sin azúcar
o ese gesto involuntario
que te lleva la mano al pecho para intentar sujetarlo,
al chocar con su perfume en otro cuello.

-Yo quise quererte toda la vida-

Sé que sólo echo de menos
la sombra de todo lo que desee que fuera.
Pero echo infinitamente de menos
el efecto de aquella luz
sobre la figura que imaginé a mi medida.

-Una vez tuve en el oído
tus latidos,
y luego todo se apagó.-

Sé que quise tanto que odié
y sigo odiando,
porque la indiferencia
no quiere instalarse en mis nostalgias. 

Mordí su piel con tantas ganas
que nada ha vuelto a parecerse
a ese sabor caliente y letal
escondido ya en el tiempo de otra vida. 

Reconozco el escozor
en la cicatriz entreabierta de la duda,
cada vez que alguien me gusta.

Hoy sólo puedo lidiar con
historias que sé que acabaran. 
Y así, desde hace algún tiempo,
empiezo los poemas por el final.

- Estás en todas las palabras
que hablaron de amor.-

Cuando leo a Cernuda soñar con que el hombre pudiera decir lo que ama,
encuentro en la punta de mi lengua tu inicial.
Y me gusta.
Si Oliverio habla de la que vuela,
nos veo cogidos de la mano
en un mundo que envidia nuestras alas.
Y cuando Benedetti cuenta su estrategia,
recuerdo muchas tardes de invierno en el sofá.

Como le pasara a Vicente Huidobro,
si estoy triste,
apareces en todos los lugares donde pongo los ojos.
Y el escozor resucita,
la herida sigue viva porque es la única que tengo,
y yo siempre he preferido tiritar al ritmo del daño
a no sentir nada en las mejillas. 
Por eso me pasa,
que cuando el mundo de otros
se desmorona a mi alrededor
y busco en el dolor para entenderlo;
yo te echo de menos.

Pero ya no me da miedo,
entiendo que la vida es eso:
un sentimiento,
el que sea,
pero uno.



viernes, 4 de marzo de 2016

Como dos gotas de agua

Como dos gotas de agua
que caen en el lugar que corresponde
completando una vida;
así fue como llegaron ellas a su casa.
Y así un pueblo sumó dos,
y un niño aprendió a multiplicar
y las horas pasaron más rápido para aquellos que debían distinguirlas.
Como dos gotas de agua
vestidas con distinta luz
pasearon sus sonrisas húmedas
por la villa más encantada del planeta.
Y así empezaron los juegos,
y así las historias.
Y fueron dos en una
y nunca la una sin la otra.
Como dos gotas de agua,
imitando la magia de parecer iguales
siendo distintas.
Y así un río bañó su risa,
y el sol secó su piel,
y los árboles inmortalizaron nuestro abrazo
y alguien nos contó que el corazón
bombeaba la sangre más caliente en verano.
En verano.
Cuando las niñas crecen
los amigos se convierten en hermanos
las bicis descolocan siempre sus cadenas
los enemigos aparecen en el pueblo de al lado
y los amores son más susceptibles a hacerse daño.
En verano
cuando los lazos más humanos
tienden a convertirse en sólidos alambres
y la luna es cálida y los niños juegan a esconderse de la noche y todo es bueno.
Aquél verano
en que corrimos con cucharas sosteniendo huevos,
buscamos monedas en la harina,
mordimos manzanas colgadas en parejas,
adivinamos el número de casas que había en cea,
y bailamos con nuestras faldas de colores.
Como dos gotas de agua
buscaron el amor en la lluvia
sin saber que esta llora siempre desengañada y solo cree en el amor cuando lo empapa,
el consuelo voló de sus manos
y tuvieron que sostenerse.
Pero siempre encuentran otra oportunidad.
Rápidas, como la luz que atraviesa cada gota
y de la que nace un arco iris
Como agua que nunca cae sola.
 
Como dos gotas de agua
Llegaron a donde corresponde,
ocupando su lugar en nuestra hierva, en nuestra mesa, en nuestro banco, en la piedra del castillo que escalamos.
A la orilla de un río que baño nuestra risa,
y en un árbol que guardó en su corteza nuestro abrazo.