viernes, 23 de agosto de 2013

Te quiero rápido

Los viernes volveré a estar viva,
porque llego y tú estás esperando,
o vienes y no me haces esperar.
El cielo estará lleno de estrellas
que no veremos.
Y contarás sin querer los golpes
contra la pared,
o las guarradas que le grito al techo.
Los sábados veinticuatro horas,
enteras, con todos sus minutos,
para escoger qué, dónde y cómo,
y auguro que lo sé.
Los domingos estaremos guapos
y tristes,
desnutridos,
cansados, felices,
y seguiremos con el asunto
del día de ayer.
El lunes será horrible:
-bienvenida al mundo real,
tu rutina te ha echado de menos,
y espera, tediosa-.
Martes comienza la cuenta atrás,
y cuentas con el cronometro más lento
de la historia.
Miércoles es un día menos
y una pelea más.
El jueves te odio,
y el viernes vuelvo a quererte
y a estar viva.

Tú sigue girando.
Cada semana es como haber conseguido
dar muchas vueltas completas
en un columpio y saber que
cuando perdamos velocidad
la hostia va a ser monumental,
y también que da igual porque el mareo vale la pena.
Así que sigue girando,
y corramos más.
Te quiero rápido,
tenemos poco tiempo.

martes, 20 de agosto de 2013

Pídeme algo más que explicaciones

Esta vida puta
esconde los ases en sus mangas
y ha hecho que todos los sastres del mundo
olviden coser las de los demás.
Esta vida, puta,
guarda a las que son como ella acechando
detrás de las esquinas del tiempo
a ver en que momento puede mandarlas
a darle la vuelta a la seguridad.

Todo reside en el concepto de desdudar
-por qué no puedes entenderlo-
es tan sencillo
como que me fío más de ti
cuando me quitas la ropa.

Y no lo haces.

Solo puedo hablar de quizás
porque me ganan cinco a dos
los porqués suspendidos,
esos que tienen la respuesta equivocada
tanto
que
me obligan a ver que el pasado siempre vuelve
y vuelve más hijo de puta que nunca.

Cómo contarte...
Todas las veces que fui pequeña y
crecí intentando transformar palabras
en corazones materiales que regalarte,
que colgar de tu cuello;
buscaba demostrar y no decir,
buscaba hacer y no contar,
me expuse y me perdí,
y ahora recojo ese mismo órgano
le sacudo el polvo,
lo escurro,
y te lo presto otra vez
para que vuelvas a hacer con él lo que quieras.
Pero
cómo explicarte que cuando te quiero
soy mucho más egoísta
que cuando me convenzo de que no.

Quiero una propiedad exclusiva
que no necesite cadenas

-si corro el riesgo de perderlo no lo quiero,
o lo quiero más, lo quiero mío por decisión propia-

no hablo de fidelidad
EXIJO lealtad
y un todo que se entregue como nadie
que se ponga solo las esposas
que se ate a mi cama
y solo se sienta libre
cuando se encierra conmigo en la habitación.

Que me defina libertad como la facultad natural
que tiene el hombre de querer estar preso.
De convertirse en un reo
que se condena a sí mismo
a pasar horas sin dormir,

que se tortura a voluntad
cuando ve que yo nunca tengo sueño.


Porque sabe como yo,
que soy todo lo que necesita conocer de Madrid.

No sé si me explico,
pero tengo algo mejor que explicaciones
para ti.

Entre heroes y villanos, Raquel

Fue una boquita de piñón leyéndome a Neruda,
convertía cada verso en un cuento con música
para no dormir,
y soñar con los ojos abiertos,
como dicen que debe soñarse la poesía.
El cielo entero estaba atento,
la noche declaró la guerra
por ganar el derecho a ser perpetua,
ninguna estrella tenía intención de claudicar,
y la luna, que no entiende de rendición,
alargó su vuelta por oír al completo los veinte poemas
de amor.
Solo dejó amanecer al sol cuando saboreó
el final de la canción desesperada.
Y desesperada,
debió darse por vencida.
Pero que bien sonaba de su boca lo que Neruda
escribió,
por lo dulce que lo ven todo esos ojos de cacao.
Sus diez otoños apañaron un día parecer más,
poniéndose de acuerdo.
Y aunque todavía no les ha dado tiempo a suceder,
ya parecen más los veranos que han pasado entre sus manos.
Casi parece que solo se deja ser niña a ratos,
cuando el resto del mundo no mira,
o cuando miran todos,
para que nadie se de cuenta de lo rápido que crece,
para que nadie se ponga triste
porque crece.
Voy a regalarle todo el naranja del sol
este verano,
por valiente,
porque juega al pilla pilla con la risa
y siempre la encuentra,
porque cuando lo malo la toca
lo pinta de azul,
porque Raquel es nombre de ratona y de heroína,
y cada vez estoy más convencida,
de que viene de un cuento...



...que tendrá que contarnos.

martes, 6 de agosto de 2013

-De ida y vuelta-

Al menos una vez más.

He estado en ayunas,
esperándote,
que es como llamo yo a sobrevivir,
sin ti.
Me he dejado ser tuya,
y me he castigado también
por ello.
He querido fijar los puntos
y me he inventado,
al mismo tiempo,
las comas de esta historia
que podríamos definir como una carrera
eterna para llegar justos al tren.
No entiendo como me haces caso.
Parece que simplemente
te dejas contar,
mentiras o medias verdades,
empieza a darme igual.
Hemos dado vida a oportunidades
que para el resto del mundo
eran leyendas de incautos,
y he creído en ellas porque
(como dice la gente a la que quiero)
creo
en todo lo que no existe
y así a veces, encuentro cosas posibles
o imposibles que se cumplen.
Como que tú y yo volviéramos
a besarnos
un verano de estos.

He vivido el aquí y ahora,
y no he querido despegarme,
y no he querido pensar.
No me daba tiempo,
estaba ocupada intentando
recordar el color exacto de tus ojos
y adivinar
a quién andarían mirando ultimamente,
a las doce de la noche,
por ejemplo,
de cualquier viernes perdido.

Tienes pinta de salvar,
pero yo, asustada, he huido de rescates.
Le debo tanto a tus manos,
que el corazón me aprieta angustiado,
temiendo volverse tuyo
o quedar atrapado
en un para siempre,
por ser capaz de saldar la deuda
con todos menos contigo.
Que ya le debo a esas manos
demasiado
por todas las veces que sujetaron mi mundo
sin tener que pedirlo.

Nunca volviste a dejarme caer.

A aquellos que me exigían
que diese señales de vida,
les gritaba
que si querían saber de mí
que preguntasen a quién besas ahora.
Que ahí es donde pierdo la mitad de mis vidas
y gano miedos nuevos,
como cuando te pones guapo
y me olvidas.

Pero este Agosto no.
Estoy contenta.
Tengo media sonrisa congelada en la boca,
y un beso escondido en la comisura izquierda
que hizo que Peter Pan quisiese enrollarse conmigo

para encontrarlo,
pero no llevaba su nombre.

Llevo el tuyo,

en la boca.

Algunos se tatúan un brazo,
la nuca,
el gemelo o un dedo,

yo los labios

y tu nombre,


que no se me olvide nunca esa dirección.


domingo, 28 de julio de 2013

-Solo ida, por favor-

A un vistazo del próximo vuelco,
a un traspié de la próxima herida,
a dos plazos de saldar la deuda:
un alma por una memoria nueva.

Pacto a fuego lento.
Firmo contratos sobre mi piel,
adivina con quién.

A dos minutos de claudicar
por antojo,
empiezo a entender que para ser libre,
a veces hay que darse por vencido.
Y así fui para ti la tercera oportunidad
ahogada.
Y firmé, también, mi sentencia.

Con todo mi mundo ardiendo,
busco resurgir,
al lado de tus cenizas,
viendo como todavía te quemas un poco,
y pensando en buscar otra cerilla.
Una mujer enamorada es peligrosa,
pero una mujer herida sabe inventar infiernos.

Jamás encontré en ti lo que buscaba
y puse un velo delante de todas tus faltas;
jamás volé tan torpe alrededor de alguien,
ni había perdido nunca tanto el sentido de 'contigo'.
Descubrí que el resto del mundo
daba la mano mejor que tú.
Si se te sueltan los dedos,
no hay que fiarse.
Pero eso solo se aprende cayendo,
cuando duele menos el golpe,
y más que te hayan soltado.

Huye en dirección contraría,
y no pises jamás tus huellas,
que para los cobardes como tú,
trae mala suerte.
Y dile de mi parte al mar que la deuda está saldada,
que no volveré a encontrar parecidos,
ni a contarlos.



viernes, 12 de julio de 2013

Naturaleza de musa

Jura que no quiso hacerte daño,
pero tampoco dolió ver
como morías agonizando su veneno por tus venas.
No vamos a ser hipócritas,
es una cuestión de naturaleza.
Cada beso era una verdad, lo jura,
tan cierto como la misma muerte,
tan cierto como que por cada uno que daba
moría dos veces, también.
Las musas no mienten.
Pero tu sangre no quiso huir,
lo mismo que tú,
se entregó infectada de recuerdos;
pensando en algún tiempo pasado
que pudo ser mejor,
sin entender que fue,
que los verbos conjugados en pretérito
no vuelven a dejarse suceder.
Que si segundas partes nunca fueron buenas,
hablar de terceras es una locura
de suicidas.
Quería coger tu mano en todos los pasos de cebra,
pero no iba a poder controlar las ganas
de besarte justo en mitad de la carretera,
y tampoco dejaría que corrieses a salvarte
al otro lado de la calle.
El semáforo se puso en rojo y
tú fuiste el kamikaze más valiente de la ciudad,
te enamoraste de la velocidad de sus respuestas
y no hiciste caso a nada más,
no cabe imaginar un beso más peligroso.
Volar tan rápido y tan alto garantiza una caída rápida y fea.
La muerte persigue al poeta como el poeta a la musa,
pero una mujer enamorada es mucho más peligrosa,
y tu musa, que bien lo sabía,
te puso mil veces delante de ella.
Y como buen poeta,
te dejaste vencer,
te entregaste al veneno,
y no escribiste ningún final.
Yo también pienso que es inevitable que los finales sucedan,
pero si podemos evitar escribirlos,
mejor contar besos antes que abandonos.

miércoles, 19 de junio de 2013

Dulce derrota

Destila vida aunque esté triste.
Puede verse, aunque es solo
un pequeño destello en medio de una nebulosa.
Pero no ha desaparecido todavía.
Es el blanco perfecto para una bala perdida,
va sin rumbo y no entiende las brújulas.
Con los sentidos embotados,
y una debilidad corrosiva
que quema desde los huesos más pequeños
hasta el último poro.
Su corazón claudica cada vez que alguien
le pregunta por qué,
y ella no sabe.
Eso es lo más triste que no le dijo alguien.
Y llueve y llora todo a la vez,
sola
cuando el mundo ahí afuera
muere de calor,
y exilia en ella todo su frío.
Alguien que vacía un vaso de agua
delante de un sediento
es menos cruel que aquél que no le contó por qué.
Ha aprendido a desconocer la rabia,
y ya no entiende de rencores,
solo quiere fijar un velo de acero,
que parezca que se puede pero sea imposible de apartar,
justo en frente de todo lo que tenga que ver
con la tormenta más destructiva que asoló sus días.

-Lo más bonito de perderte
es que pierdo,
el que pierde siempre aprende más,
y yo aprendo a no querer lo que me sobra-.

Por otra parte, ganar una batalla sabiendo que el contrincante,
la tiene perdida de antemano,
no tiene ningún mérito.

Colecciona desengaños,
los guarda en frascos y se los bebe para ahogarlos otra vez;
como aquella señora que bebía lágrimas,
pretendiendo ahogar llantinas.
A veces le gustaría tener por corazón
algún mecanismo más frío y sólido,
que no jugase con ella
y que nadie más pudiese tocar.
Cose, compulsivamente, cualquier agujero de su ropa,
como si intentase remendar por fuera,
lo que no tiene remedio por dentro.
Y oculta, tapa, disimula, maquilla, esconde
al mundo todo su dolor.
Que dolerse a uno mismo ya es bastante complicado.

-No dueles tú,
ni tu ausencia,
no duele tu huida,
ni que fuese repentina,
como la muerte cuando busca
ser la más hija de puta.
Me duelo yo,
duele mi incapacidad de huir,
me duele seguir aquí esperando
y no querer perder el tren,
y desear a la vez, que ese tren no vuelva nunca.


Y como este dolor no tiene nada que ver contigo,
alguien habrá que cure mis heridas.
Y tampoco entonces me acordaré de ti-.

Dulce derrota la del que quiere ser vencido.
Dulce victoria la del perdedor que gana más con lo que pierde.