martes, 12 de marzo de 2013

Cosas de una noche

¿Oyes eso?
Abre bien las orejas,
a lo mejor así puedes oír todas las veces
que susurro tu nombre por las noches,
y es que así, suspirando las letras que te contienen,
es como firmo yo mi declaración de intenciones,
y no de amor.
Porque tengo la intención
de dejarme querer
todas las noches que quieras
a cambio de que los catorce de febrero
no tengan jamás algo que ver con nosotros,
y te dejes los 'te quiero' en otras camas.
Ni siquiera tienes que quedarte a dormir,
sobran abrazos o cualquier otro tipo de despedidas
en esta historia de noches perdidas,
y no de perdición,
porque ninguno de los dos va a
entregarse en cuerpo y alma,
que no está la cosa como para ir regalando últimos alientos
por ahí.
Cuando te vayas no enciendas la luz
y déjame dormir el día en que voy a desconocerte.
Hay que reconocerte cierto mérito,
Madrid es como contabas,
pero se te olvidó mencionar
que no ibas a quedarte a enseñármela.
Ojalá fuesen ciertas la mitad de las palabras
que te he escrito esta noche,
pero cuando te has ido,
no te he desconocido, no te he omitido,
te has llevado contigo un corazón que late en morse
y me envía mensajes incoherentes sin stops
haciéndome saber que no pretende volver
por irreparable que sea el vacío
o vital que sea su función en mi.
Quenovuelve.
que se queda contigo.
Que me deja morir.





domingo, 10 de marzo de 2013

Cinco vueltas de campana

No sé qué tengo que siempre intentáis
volver
pero nunca os habéis quedado.
Y yo reconozco que no dejo
que se muevan las agujas
del reloj que contó los minutos
que pasé contigo...
pero también te digo que es imposible
ponerlo en hora cada vez que vuelves,
porque nunca sé que hora es.
Voy ciega por el mundo,
eso sí lo sé,
pero para qué quiero poner cara
a esas figuras borrosas
si ninguna tiene tu sonrisa.
Y para qué,
ver sus muecas
si el resto del mundo no está
nunca de acuerdo conmigo.
Yo, que regalo motivos a quién los quiera
a quién los busque
a quién no entienda
por qué cada vez que vuelves estoy
esperándote con la puerta abierta.
Lo cierto es que nadie pregunta,
ni si quiera tú,
que casi no necesitas ni llamar.
Supongo que lo que pasa es que eres un accidente,
un choque
un gran golpe con diabólica puntería,
que pasa de repente
y no hay nada que hacer.
Eres cinco vueltas de campana,
no he sido capaz de recuperarme del mareo
y tú ya vuelves a embestir.
Entonces me doy cuenta de que creía
que te echaba menos de menos
de lo que en realidad te echo de menos.

Con un miedo infinito a la necesidad
de pertenecer a alguien
es como empiezan todas las huidas.
De ti llevo años intentando huir
y lo único que consigo es encontrarte.
O tal vez sea que solo busco
romperme
una y otra y otra vez
y espero, como un cervatillo masoquista
que observa los movimientos de un león,
a ver de que forma atacas esta vez.
Llegas y me deshaces la cama, lo primero,
y cómo voy yo a volver a hacerla
si en todo ese desastre de sábanas
encuentro el orden y la calma
que me falta.
Has roto con tus costumbres,
ahora vuelves para arreglarme el final del invierno
en vez de venir a lloverme otoños
en el mismo momento en que se desviste el primer árbol.
Y yo, de verdad, me lo creo.
Y tengo tanto calor, que me creo capaz
de acabar con cualquier invierno,
y de inventarme infiernos en la cama
para encontrar un final a la altura.
Creerse Lucifer
con esta cara de buena que me dio mi madre
no es muy coherente.
Así que vivo quedándome a medias en todo,
y sintiéndome bien poquita cosa.
Siempre, siempre, siempre pienso
que mis besos te saben a poco.
Con toda la intención que pongo en ellos.
Los estoy perdiendo todos en tu boca,
y no te das cuenta,
pero la verdad es que quiero que me los devuelvas.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Drama

He vivido mi 'después de ti'
incluyéndote hasta en el acento
de después.
Después de ti, tú otra vez.
Y no.
No está bien.
No es así como funciona esto.
No es así como quiero que funcione esto.
Vamos, pequeño amor desenamorado,
tú y yo ya nos hemos encontrado,
y no fue estando perdidos.
Es complicado re-enamorarse
cuando ya hemos gastado el cupón de viajes
de este tren.
Tenemos, además, las vías, las estaciones
los tranvías y el deseo
desgastados.
Y sabes que todo lo hemos agotado bien,
hasta el último aliento,
hasta la última exhalación de ganas.
Tienes que dejar de hablarme de corazones,
tú, que lo único que sabes hacer con ellos es perder-los.
Tú, que jugabas a hacer del mío
una escultura de hielo,
y como un artista insatisfecho con la obra
que no sale exactamente como quiere,
terminabas destruyendo-lo.
Siempre era culpa de la modelo,
pero es que yo nunca he sabido quedarme quieta,
así terminé moviéndome lejos de ti,
la primera vez.
No iba a dejarte hacer arte conmigo.

Recuerda que cuando fijas tus metas en mí,
se te convierten los ojos en nubes,
y llueves.
Deja de llover por mi,
que han dejado de enternecerme los días de lluvia.

No puedo perdonarte todos los martillazos,
ni las veces que me hiciste creer que era de piedra,
ni las veces que, luego, me redujiste a mil cristales;
y ya no quiero prometerte besos
ni medir mi tiempo según los minutos,
horas, días... que tardemos en tocarnos.
No lo sé.
No sé si de verdad no quiero
prometerte todo eso
o si quiero coger otros trenes
que no lleven tu nombre,
o si quiero esperar todos los que vengan,
contigo.
No lo sé.
Perdóname.
Tal vez solo sea que te escribo en un día frío.











lunes, 25 de febrero de 2013

De tener y no tenerte

Tengo un tendedero de cartas que te bailan las palabras
como la falda de una gitana
que medio vuela descalza,
rozando el suelo tan suave y descaradamente
como podía besarte yo.
Tengo una pinza que no sujeta todo lo que quiero decirte
y sin censura de nadie
hablo hasta que
termino por oírte gritándome que ya vale.
Tengo una mañana amarga de sábana fría
y un despertar legañoso en una cama vacía.
Tengo un sueño infinito en las pestañas
y unas ganas terribles de tenerte cerca
para no dejarte dormir.
Tengo demasiados polvos pendientes
y la habitación sucia de ausencias de ti.
Tengo partes de recuerdo entre los dientes
y monstruos debajo de la cama
obligándome a rendir cuentas
a las noches en vela que pasaron otros por mi.
Tengo un reloj de ayer
sin arena para mañana
y muchas razones que nada tienen que ver
con que pierda mi tiempo echándote de menos
imaginándonos a la orilla de mi playa favorita de Barna.
Tengo una recámara sin balas
pero con ganas perdidas que disparar
en direcciones contrarias a ti.
Tengo contados los golpes que daré
a la pared
cuando esta noche vuelva a vivir
la pesadilla de siempre
en que sueño que te oigo con otra
en la habitación de al lado.
Tengo pendiente ponerle los cuernos a la suerte
y apostar tus motivos a un solo dado,
por ver si gano en porqués
todo lo que perdí en desengaños.
Tengo millones de desaires que deberte
y sin embargo, más partes de mi que entregarte.

Tengo un corazón sin salida
con una rendija en forma de piedra
por donde escapaste sin permiso,
sin cuidado, sin despedirte siquiera.
Tengo muchas nostalgias y pocas certezas,
un odio profundo a las lentejas,
y demasiado helado contra la tristeza.
Tengo varios lugares escogidos para escapar
y un historial demasiado largo
de fracasos en huidas.
Tengo predisposición y ganas
pero nadie que me enseñe a bailar tangos suicidas.
Tengo una angustia que no me abandona,
el corazón compungido
y las ojeras encharcadas.

Tengo poco de todo y tengo mucho de nada
si sigues faltándome tú.                                                              

lunes, 11 de febrero de 2013

Hay mares en todas partes

El mundo debería acabarse cada vez que dices adiós,
y yo debería ir por el mundo devolviéndote los finales.
Pero tú eres como ese café de por las mañanas
que no soy capaz de acabar,
y cómo ponerte fin,
si sigo saboreándote.
Has vuelto a equivocarte;
te parecía tonta, inocente o buena ¿verdad?
y no la vas a encontrar más destructiva que yo.
Léeme ahora que ya no te escribo,
mírame ahora que ya no me importa,
búscame ahora que ya no te sigo.
Empieza a huir de mi y me encontrarás,
porque soy la certeza que te queda
después de todas esas dudas
que ni la almohada te deja consultar.
Me tienes sueño, y no ganas.
Lo que quieres es dormir conmigo
y llamarme 'princesa'
pero yo prefiero vivir vendiéndome al mejor postor
y darle a la botella.
Que escribo para olvidar y no funciona,
así que me paso a lo tradicional,
a vaciar botellas por saciarme de esta rara sed de ti,
que no me quiere abandonar,
llenarlas de letras, tirarlas al mar,
y preguntar gritando a todo ese azul
por qué escogió vivir en tus ojos.


jueves, 7 de febrero de 2013

Ausencias

Escríbeme los besos más tristes esta noche,
no hace falta que los hagas rimar
solo necesito que dejen huella
que manchen de saliva
que, mientras me recorren entera,
se les pase la tristeza.
Y que se conviertan en canción,
que no tenemos que cantar
que solo es poner banda sonora
a lo que ya la tiene;
cambiarlos por ese ruido
que hace todo lo que no sucede en tu cama.
Que guapo estás ahí tan despeinado
y con esas ojeras de no haber dormido conmigo.
Que bien te sienta echarme de menos.
Pareces un invierno que ha perdido
el frío por un momento
y entrecierra los ojos
para intentar acostumbrarse a la luz del sol.
Pareces todo lo que llega después de los poemas,
todo lo que queda después de dejarte en el papel:
un millón de nostalgias sempiternas.
En fin, perdona que me invente todo esto,
perdona que siga escribiéndote.
Es que todavía no me recupero
de todo lo que quise decirte
después de cada beso
o durante todos los silencios.
No me recupero de no sentir ya el calor de tu piel
y de no vivir infiernos en pleno enero
por el mero hecho de estar a tu lado.
No me recupero de haberte tenido.
Ahora tengo frío y fiebre
estoy enferma de no tenerte,
y no me recupero.

miércoles, 23 de enero de 2013

Un trapecista poeta

'Poemas y cuentos de un trapecista retirado que no supo olvidar el circo'
iba a titularse su libro.
¿Os suena?
A mi tampoco.
No existe.
Eran unos cuantos papeles
manchados por las frágiles líneas
de una historia mal contada.
El trapecista,
cuando es trapecista,
se sube al columpio
y empieza a volar.
Está, de repente, en otro mundo
más rápido, más indefinido,
pero con más detalles
de esos que aparecen cuando el vuelo
es algo más lento,
de esos que lo hacen especial.
El resto es fácil de olvidar.
Cuando sube al columpio
y está solo
simplemente vuela
aunque tenga las alas llenas
de una ausencia
que no entiende,
que no le dice
qué le falta
y le hace ser consciente
de que en realidad no tiene alas.
Aquí todos sus sentidos se despiertan
alerta
para no sucumbir al vértigo
que tanto cuesta
esconder.
Cuando, sin embargo, sube al columpio
y hay otro columpio
y el baile en el aire es de dos,
se olvida de que no tiene alas
se olvida de tener cuidado
se olvida del riesgo que corre
se olvida de que abajo no hay red,
y confía siempre
en que al llegar al punto de encuentro
ella estará,
su bailarina,
tendiéndole la mano
para dar otro de esos saltos mortales,
otro de esos pasos de baile
que hacen aplaudir tanto
a un público invisible,
del que ya se han olvidado.
Entonces, confiar es un acto reflejo.
No es consciente de que el suelo
cada vez parece alejarse más.
Viven un baile interminable
que nadie quiere acabar
no le han escrito un final
no existen los puntos
en este mundo de aire y cuerdas
con banda sonora de velocidad.
Ellos van muy rápido y
el tiempo queda en pause,
cada vez que a media vuelta
se rozan los labios.
Y si piensan que es imposible,
es porque no saben besar.
Pero el tiempo no puede estar mucho rato quieto,
el tiempo no puede pararse en un verso
a saborear un beso de trapecistas,
de locos que vuelan con cuerdas,
columpios y aros.
El tiempo no espera por nadie,
se mide en trenes que se van.
Y ellos parecen estar dejándose la vida
demasiado
queriendo alargar cada beso.
El fin del baile lo escribe su bailarina,
que olvida tenderle la mano.
Desaparece.
El trapecista cae,
y la caída es dolorosa.
Y ese dolor monopoliza su tiempo,
y el tiempo pasa ahora siempre más rápido.
Entonces, se hace poeta.
Y parece estar pisando un vacío constante
mientras araña los minutos que se van.
El poeta traslada su vértigo escondido de trapecista
a las páginas que mancha con poemas
para la voladora que lo dejó caer.
Y todos acaban igual,
con una frase como punto final:
parece que todo el que cae se hace poeta.