jueves, 7 de julio de 2011

BOH

Quiero. Quiero. Quiero. Yo también quiero. Quiero conocerlo. Quiero que me conozca. Quiero que sea aquel que se queda con todos los detalles, y quien te los descubre.
El que te despierta por las mañanas, y el que te da las buenas noches ahí al lado.
Al que te encuentras una y otra vez en sueños sin llegar a cansarte nunca.
El que pronuncia tu nombre y provoca escalofríos.
Con el que hablas sin que se agoten los temas.
Aquel que imaginaba siempre.
Aquel que te salva una y otra vez.
Quiero que sea quien me recoge en aquellos sueños en que caigo y caigo y no me puedo levantar.
El antídoto a esa angustia.
Mi acento, mi iris oscuro y mi punto de inflexión.
Pues él. Solamente. Simplemente. Sencillamente.
Quien te encuentra perfecta y suficiente.
Que sea aquellos puntos suspensivos que impiden el final.
Todo eso. Lo quiero. Y ya.

domingo, 26 de junio de 2011

Entre letra y suspiro...

Lo ha encontrado. Increíble pero cierto. Y es imposible... de momento.
Es misterioso, es interesante, es especial... no lo conoce, pero le hierven las ganas.
Lo mejor que le podía suceder es encontrar a alguien que le gustase por sus letras.
Es una historia de palabras sueltas dirigidas al otro sin dirección.
Yo opino que es raro, pero aún así ella no lo piensa... le parece algo bonito. Le está ayudando a pasar página, y ya le hacía falta. No estaba segura de nada hasta que soñó que su "u" volvía a llevar acento cuando escribía la palabra "tú".
No es el momento de arriesgar, pero ya llegará. Mientras tanto, volará a su ventana cada noche. ¿Y por qué no? En eso reside su facilidad para despegar. ¿Tal vez precipitado? Puede, pero ya no hay vuelta a atrás.
Entre guiño y guiño una declaración. Un "me gustas" que juega al escondite sin saber en que consiste. Una palabra más por favor, la frase siguiente, y que no haya punto final.

jueves, 26 de mayo de 2011

Ella

Sueña con cordones desatados, botellas mal cerradas por las que se escapa el agua, bolis defectuosos que inundan de tinta un cachito de papel sin estrenar, hojas de libros arrancadas, margenes de poemas con dibujos estúpidos, bibliotecas que arden, caos, desorden y corazones rotos. Sueña que se enamora locamente de un bohemio, y este solo tiene ojos para la de al lado. Sueña que fuma margaritas sobre un árbol y se derrumba una tarde de lluvia a oler el césped mojado, mientras se acuerda de su bohemio. Baila sola, canta sola y ríe sola, y se enamora, una y mil veces se enamora. Sueña que le da de lleno el aire acondicionado en el pecho y le congela el corazón, sueña que llega su bohemio y queriendo hacer una venus de Milo con su ventrículo izquierdo, se lo rompe al primer martillazo. Sueña que no puede estar con él, y sueña que lo comparte. Sueña que su corazón roto no tiene arreglo y sueña que tiene un empacho de lágrimas mientras observa todos esos frasquitos vacíos que ha ido dejando en el suelo. 
Su sueño va fluyendo solo. Y se encuentra una guitarra, una guitarra preciosa que no sabe tocar... está allí, ella, quieta con la guitarra, y aparece su bohemio, y se la quita y la toca, toca la guitarra y la música la toca a ella. Le dice que la quiere en cada nota y ella no se da cuenta. Se despide y se va con su pena. Y cómo no, entonces despierta, sudando frío, que descongela los cachitos rotos de su pequeño corazón.

domingo, 3 de abril de 2011

Enredandose en el dedo corazón

-Con ganas me quedo de decirle al viento que se joda mientras enredo uno de tus rizos alrededor del dedo corazón, que se joda porque por mucho que te revuelva el pelo, te roce y te sople jamás podrá tocarte como lo hago yo, jamás podrá disfrutar de tu olor, ese que él mismo esparce, jamás podrá deleitarse con el brillo de esos ojos, ni con el movimiento de tus pulmones cuando lo respiras, ni perder el tiempo simplemente mirando fijamente el movimiento de tu melena, de tus manos, de tus pestañas, de tus labios cuando hablas.
Deja que mueva tu pelo, que lo intente acariciar, que lo haga bailar alrededor de tu cara, y que se joda, que se joda el viento por no poderte tocar como lo hago yo...-
Allí queda ella, como el más bello de todos mis frios sueños, muda, quieta, pensando en quien sabe qué, increiblemente perfecta.


lunes, 21 de marzo de 2011

Que tal cielo

Amanece más temprano y ya estamos en primavera, hule a calor y tengo la suerte de escapar de la alergia, se me cruzan los días pasados contigo. Ayer hizo sol, hoy llueve, ha pasado una rápida tormenta, relámpagos y truenos de los que hacen retumbar las paredes del estómago. El cielo se ha vuelto oscuro a media tarde y en estos ratos me da por desempolvar viejas cajas y averiguar que esconden, que escondía yo allí y porqué. Y encuentras cosas, frases, palabras entrelazadas que duelen, que lloran tinta solas.  Versos sin rima escritos por unos dedos de doce añitos, intentando hablar de amor. Un amor puro y joven de los infantiles, de esos que son de verdad, y que se recuerdan en la vida, los recuerda quien los siente y quien los provoca. 
El azar quiso que yo supiera, y supe, y llegaron a mis manos aquellos versos copiados que decían: “Si tengo que morirme que me muera en primavera para poder echar raíces y vivir siempre a tu vera”. Canciones de entonces que hoy siguen poniendo en la radio y que me hacen retroceder en el tiempo cinco años. Imaginar que escucho tu voz al otro lado del teléfono explicándome que conseguía darte fuerzas cada vez que te llamaba, que sufrías y padecías y se te escapaba la esperanza por la garganta en cada llanto después de la quimio, que no querías hablar con nadie y que yo siempre era la excepción, que el día era o normal o horrible hasta que yo llamaba. ¿Cómo digiere eso una niña? Cómo puede. Largas conversaciones sin saber que decir, sin entender ni una palabra de la enfermedad, sin saber si se podrá curar, intuyendo que no te dicen toda la verdad. Leucemia. Desde hace cinco años soy incapaz de oír esa palabra sin que me recorra un escalofrió  el cuerpo desde la punta de la uña del dedo pulgar hasta el último pelo de la nuca.
Hoy te echo de menos, hoy te busco en el recuerdo que escondí en aquella ruta fantasma de mi mente e intento situar las palabras, las imágenes, las sonrisas, los momentos, incluso hasta el último momento de aquel otoño triste y frío en que todos empezamos de cero a crecer.
Intento recordar cuando fue el último momento en que te vi, en que estuve contigo, cuando fue la última llamada, por qué no sabía nada, por qué me sorprendió tanto, por qué me derrumbó el golpe contra el suelo…
También me pregunto  si ahora me veras escribiendo esto desde tu cielo, si algún día vienes a visitarme y compruebas que me acuerdo, que sigues conmigo siempre pase lo que pase. Sobre todo me pregunto qué tal estarás allí, en tu cielo.

jueves, 10 de marzo de 2011

Bonita

Como tantas otras noches no puede dormir, lo tienen hipnotizado unos ojos negros. Se quedó congelado en aquel instante en que sus cinco sentidos evocaban el olor de aquellos rizos, sus detalles, el leve siseo al bailar con el viento, imaginaban su sabor y recordaban su suavidad. Entre sábanas frías se pregunta si la luna velará su sueño. Se la imagina enredando inconscientemente sus dedos entre los largos rizos, o agarrándose al cojín para no dejarlo escapar, la boca entreabierta, y un suspiro en medio de esa respiración agitada de un carácter extrovertido y enérgico. Casi puede contar todas y cada una de las pecas que adornan sus mejillas. Esas mejillas que flanquean  las esquinas de aquella sonrisa tan perfecta. 
Medio dormido se pregunta si algún día volverá a sentir sus labios contra su cuello y el suave mordisco sobre la yugular. Si comerá helado de madrugada con otro o lo hará sola, recordando... Se pregunta si volverá a enseñarle a besar, como todas aquellas veces. Llegados a este punto, con el recuerdo de sus besos, se levanta y sale a la terraza, no puede pasar ese ecuador sin fumar, se apoderan de él los nervios, y un ligero temblor covarde. Luego volverá a la cama, y como todas las noches desde hace tanto, le oiré hablar en sueños, medio gritando su nombre. El de la dueña de aquellos ojos negros.