martes, 4 de noviembre de 2014

M

Es morena
y tiene unos ojos de final
que proyectan sabor a perdición
en los labios de los demás.
Sus preguntas son simples
pero no sencillas, como deberían.
Su angustia me revive la
nostalgia
de una rutina perdida.
Y cada vez que su historia 
me habla de puñales a su espalda
cuento uno más también en la mía.
Es valiente,
quiere contra todo y a pesar de todos,
camina con el brillo que descubre
a los que miran al mundo de frente
y pasean por encima del miedo.
Identifico mis pasos en su camino
a pesar de que traté de borrar
las huellas,
y ella nunca intentó seguirme.

Teme terminar en mi locura
conmigo
y no la culpo.

Sabe
que yo ahora me desconozco.
Que me busco y no quiero
encontrarme
por miedo
a ser mi propia ausencia.

El miedo estos días
puede con todo.

Notamos las cosquillas del vértigo
y nos gustó.
Apostamos por querer
aunque significase jugarse el cuello,
y nos gustó.

Todavía
no sabemos
cómo arrepentirnos.

Yo he caído.
Así que ahora
simplemente
confío en ella.

En que no se suelte de la cuerda.

Solo espero,
que ella no se suelte.

Que sea mi funambulista imbatible.

Y mantenga el equilibrio
hasta el final.

Que llegue
entera
a dónde yo no pude,
y me cuente que lo que esperaba
al otro lado
valía más la pena.

Todavía
confío
en ella.

En sus ojos de final;
los únicos capaces de encontrar
el mejor principio.




1 comentario:

  1. Me encantaría ser capaz de escribir un poema como éste.
    Me ha encantado.

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