viernes, 22 de enero de 2016

Andorinha

Aquella semana hablaba de amor,
se preguntaba por la lealtad
y buscaba algo de buena suerte,
mientras Portugal saboreaba sus lágrimas
y nosotras cantábamos su canción.


Fuimos a enterrar los pies en la arena
y sepultamos nuestros desastres,
escondimos el corazón en el Algarve
para no poder volver a casa,
y dejamos más de lo que pensábamos
en las aguas heladas de todo aquél azul.


Ella es aquella que quiso contra todo,
la que apostó y se jugó el cuello,
la que camina con el brillo que descubre
a los que miran al mundo de frente
y pasean por encima del miedo.


Unos días antes, aquella semana,
un cobarde intentó hacerle creer
que su felicidad fue una mentira
solo porque él decidió fingir la suya.


La cobardía es, en estos tiempos,
una vieja altiva que disfraza de orgullo
a quien trata de esconderla.


Ella lo que esconde
es su pena.
Pero  si la miras a los ojos puedes ver
que se le han juntado todos los finales
y su historia cuenta ahora a pares
el desastre de traiciones que le dejan.


Sin embargo,
debe saber,
que lo más bonito de caerse es tener
quién te cure las heridas,
que le sobran brazos donde refugiarse
mientras sigamos vivas,
que siempre tendrá con quién compartir
los bailes que le restan;
que no dejará de sonar su timbre
ni dejaremos de esperar a su puerta.
que no puede huir de su libertad
porque las cuestas serán otra vez rectas.
cuando se le sequen las lágrimas.
Que pronto volverá a volar,
porque la valentía habita en sus alas,
y que las carcajadas explotaran de nuevo
en su pecho,
cuando vuelva,
deslumbrando al resto con su sonrisa nueva.


-Remonta el vuelo andorinha,
que todo lo demás vive y muere atrás.-

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