miércoles, 14 de octubre de 2015

Oltremare

A veces, 
lo irresistible de una advertencia
es eludirla. 
Qué fácil resulta
no hacer caso a lo que no nos gusta.
Me perdí
prohibiéndome pensar en lo que podría ser
mientras lo hacía.
Noté el miedo
colapsando mi garganta con el anhelo
de una huida  a tiempo.
No salí corriendo,
mi cuerpo ha olvidado cómo romperse;
eso es a la vez mi mejor defensa
y su mayor herida. 

No llego al último estante.
No alcanzo lo que buscas.
Lo intenté sin querer.
Juro que no quería.

De repente,
empezaron a rodearme cuatro paredes;
y cuantas más lunas veía en tu boca
más se acercaban y estrechaban
llevándose mi aire y el eco de tu risa.

No soy capaz de ejercer un mínimo control
sobre mí misma,
a veces pienso que me enamoro
cada vez que alguien suspira.

No es culpa tuya. 
Tú solo me salvavas.
Era yo la que me ahogaba
escondiendo lo mucho que necesitaba el salvavidas. 

A veces, 
lo irresistible de una advertencia
es que se cumpla,
y besar sus irreverentes "te lo dije"
con las mismas ganas que a ti.

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