jueves, 3 de julio de 2014

Unai

(Maneras)
-De dar motivos-.

Alguien debería decirle a esa niña que todo lo que llora no lo juega, 
que le han robado el columpio pero hay otros tres, 
y que su madre no va a consolar una pena falaz, 
por mucho que grite y patalee;
está ocupada hablando con otra mamá.
Una señora en el autobús nos cuenta 
que ella es la alegría de la piscina 
y qué bien, 
qué distinta.
Crecer es un poco darse cuenta de todo lo que te pierdes
cuando puedes
-pero no quieres-
dejar de conformar te.
Algo así como abrir los ojos,
ver las flores,
y dejar de sentir el frío del invierno pasado.
Algo como descubrir lo que es el cariño 
cuando alguien te descongela las manos que otros llenaron de frío.
Ese frío que engaña. 
Que produce sensación de calor
pero miente
y rompe.
Hoy he sido la primera en llegar a las escaleras mecánicas,
y he jugado a seguir siendo la primera con más de cien personas a mi espalda 
-la de gente que juega en el metro-.
Luego el aire me ha levantado el vestido 
y me ha dado igual. 
En Madrid nadie mira, porque nadie ve.

He conocido a alguien que ya conocía.

Se queja del calor que hace en esta ciudad,
y casualidad o causalidad;
hoy, tres de Julio,
la protagonista es una tormenta que empapa las calles.

Yo creo en las señales. 

Él habla y cuenta,
oye y escucha,
toca y siente,
mira
ve.

Él tiene sus maneras,
y sus maneras me convencen.

Le sobran motivos
y a mí también. 

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