viernes, 23 de mayo de 2014

La inconsciencia de mi sangre

Para Ángel, 
por su dislate.

Me ha vuelto loco el aire susurrándole a sus rizos, 
he explotado por gritarle 
que quién coño se ha creído 
para contarle lo que no puedo yo.
He descubierto las taquicardias cada vez 
que me ha rozado su piel.
Se ha colado en mi habitación 
y hemos sido una misma historia 
con dos vidas que no tienen nada que ver.
Han intentado inculcarme que no es para mí, 
pero todavía no he aprendido a desistir.
Lo mío es ir "a golpe de pico y pala", 
cavar un túnel que empiece en mi jardín 
para llegar a la china, 
perseguir a las más guapas hasta que me den un beso
o un guantazo, 
insistir hasta que me quieran,
enamorarme de quien me quiere a medias.  
Me ha vuelto tan loco 
que soy capaz de dormir a su lado 
e inflamar las ganas que le tengo 
para que ardan, 
pero por dentro, 
y no la incomoden. 
Me ha vuelto tan loco que la abrazo y le sonrió 
cuando sé que viene de besar a otro. 
Me ha vuelto tan loco que no me importa a quién acaricien sus manos 
mientras la sienta mía cuando esta por mí. 
Me ha vuelto tan loco que hablo con las nubes 
para que lluevan en mi casa y se alejen de su puerta. 
Porque los días grises hacen sombra a las chicas tristes 
que no saben lo que quieren. 

Después de sus aullidos, 
la noche tan a salvo, 
me crujía los miedos.
Después de sus desaires, 
de trastocarme con sus idas y vueltas 
-porque los pliegues de su falda 
bailaban insultando mi dolor- 
me bastó con un "te quiero en mi vida, aunque no en mi corazón"
para resucitar después de muerto 
y volver a perder la luz 
en lo que dura el pestañeo de su sonrisa.
No quiero obsesionarme, 
pero el mundo era más verde cuando dormía conmigo, 
y ahora que ya no, 
¿qué más existe que no tenga que ver con ella? 
Aunque ni la toque ni la mire;
¿cómo sobrevivir si dejo que su cara se difumine en mi cabeza?
Hoy me miro en el espejo y la veo en mis ojos, 
la siento en las manos y la oigo volver pisando fuerte 
para entrar y salir de mi vida a su antojo.
Cuando viene, 
ya no me cuenta qué ha sido de la suya
y yo me obligo a creer que no me importa.
Pero la veo más viva que nunca y me da envidia,
porque queriendo morir a su lado
viviré lejos hasta de su adiós.

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