miércoles, 11 de diciembre de 2013

Tragicomedia

No soy todo lo que necesita conocer,
ni de esta ciudad, ni de ninguna otra.

No soy la primera de la lista,
ni la quinta,
no sé si quiera si sigo en ella.
No soy quién le guardará los ocho
de cada mes,
reviviendo en agosto
la primera vez,
y queriendo que sople y desee
cada noviembre.
No soy esa por quién cruzará
países para releer sus manos,
no soy yo
que viajaría a dónde termina la tierra
para rogarle
que sean las mías las únicas
que sepan de sus cosquillas,
y conozcan a fondo la situación
de todos sus lunares,
la forma de sus cicatrices
y qué heridas las abrieron
y cómo son las huellas que le dejaron dentro.
Soy quién sucumbe de rodillas
ante el recuerdo de su boca
cada vez que se ducha
e inventa poemas para olvidar,
suplicando que el agua limpie también
por dentro.
No soy de quién se acuerda cuando
cierra los ojos y necesita ver a alguien.
Quién le jurará que depende de sus días malos,
y sus roces cortos, de la falta de adioses,
y de sus ganas de quedarse al menos un minuto más;
quién podría columpiarse toda la vida sostenida
por sus promesas
y sonreiría tanto que no podría ver al resto del mundo
mirándola perplejo ante la temeridad.

No soy la que llora cada vez que huye,
o cuando se lanza en paracaídas
y busca ralentizar la marcha a tres metros del suelo,
ni la que muere
cada vez que promete vuelos suicidas y da un paso
atrás
mientras una se lanza al vacío.

Soy esa que se ha malacostumbrado a quererle
ahora que me resulta fácil,
y se me ha olvidado cómo conseguía complicarlo antes.
La que no está bien así ni de ninguna otra manera
que no sea resguardada del invierno
oliendo su cuello
y ahogada en su abrazo.

No sabes, amor,
qué tortura no poder besarte cada minuto.
Contar hasta cinco y no oírte,
darme la vuelta y no verte,
buscarte y que juegues, y ganes,
perder y perderte siempre.
Correr, y no saber hacía dónde
porque no sé qué puerta abre tu mundo.

No sabes, amor,
qué impotencia, quedarme en el umbral
desahuciada
sin
casa
sin hogar
sin mi hueco en tu pecho
muerta de frío.
En pleno diciembre.

Sintiendo que me destierran
del cuerpo dónde vine a morir.

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