como la falda de una gitana
que medio vuela descalza,
rozando el suelo tan suave y descaradamente
como podía besarte yo.
Tengo una pinza que no sujeta todo lo que quiero decirte
y sin censura de nadie
hablo hasta que
termino por oírte gritándome que ya vale.
Tengo una mañana amarga de sábana fría
y un despertar legañoso en una cama vacía.
Tengo un sueño infinito en las pestañas
y unas ganas terribles de tenerte cerca
para no dejarte dormir.
Tengo demasiados polvos pendientes
y la habitación sucia de ausencias de ti.
Tengo partes de recuerdo entre los dientes
y monstruos debajo de la cama
obligándome a rendir cuentas
a las noches en vela que pasaron otros por mi.
Tengo un reloj de ayer
sin arena para mañana
y muchas razones que nada tienen que ver
con que pierda mi tiempo echándote de menos
imaginándonos a la orilla de mi playa favorita de Barna.
Tengo una recámara sin balas
pero con ganas perdidas que disparar
en direcciones contrarias a ti.
Tengo contados los golpes que daré
a la pared
cuando esta noche vuelva a vivir
la pesadilla de siempre
en que sueño que te oigo con otra
en la habitación de al lado.
Tengo pendiente ponerle los cuernos a la suerte
y apostar tus motivos a un solo dado,
por ver si gano en porqués
todo lo que perdí en desengaños.
Tengo millones de desaires que deberte
y sin embargo, más partes de mi que entregarte.

con una rendija en forma de piedra
por donde escapaste sin permiso,
sin cuidado, sin despedirte siquiera.
Tengo muchas nostalgias y pocas certezas,
un odio profundo a las lentejas,
y demasiado helado contra la tristeza.
Tengo varios lugares escogidos para escapar
y un historial demasiado largo
de fracasos en huidas.
Tengo predisposición y ganas
pero nadie que me enseñe a bailar tangos suicidas.
Tengo una angustia que no me abandona,
el corazón compungido
y las ojeras encharcadas.
Tengo poco de todo y tengo mucho de nada
si sigues faltándome tú.